martes, 21 de enero de 2020

Amigdalectomía en tiempos de huelga (parte 37)

Aunque la solución o detonación del problema no se avizore por el momento, cierto es que he tenido muchos días de calma en mi lugar de trabajo en que, prácticamente, no he tenido que agarrar el pañuelo. Sin dudas, que esto ha sido menos preocupación para mí y para mis compañeros de labor.


Por Iván Ottenwalder

En lo que a mi caso concierne julio y agosto de 2019 pasaron sin penas ni glorias. Mis molestias, escozor y pinchazo constante en el paladar superior derecho, no cedieron ni un ápice ...como tampoco en los meses posteriores. Sin embargo, septiembre me trajo algo de paz.

Las dos primeras semanas de septiembre las vacacioné en La Habana, capital de Cuba. Asombrosamente, valga decir, mis secreciones nasales se redujeron al mínimo, pero no así la comezón y pinchazo en el paladar. No sé si haber dormido con aire acondicionado todas las noches que duré hospedado en la pensión de Barbarita, influyó en algo. Lo cierto es que, extraño o no, tuve un gran alivio y prácticamente no me vi en la necesidad de usar el pañuelo para sacudirme.

Cuando regresé a Santo Domingo la mejoría seguía su curso, sin embargo, a partir del 22 de septiembre, las necias secreciones volvieron con fuerza. Hubo semanas horribles (secreciones y molestias del paladar incluidas), pero también las hubo de aparente calma. En esos vaivenes me las pasé el resto del año.

Algo que sí me mantuvo menos ansioso fueron mis cortos amoríos con Yajaira (finales de septiembre a finales de diciembre de 2019), una mujer de 35 años, muy delgada y muy atractiva con la que pasé unos momentos maravillosos los cuales nunca olvidaré mientras vida tenga. Más bien se trataron de lindos momentos sentimentales, besitos y abrazos incluidos, aunque no llegamos a realizar el amor ...pero ya esto es un tema que amerita un capítulo aparte.

Para la fea hinchazón y molestia del paladar superior derecho he venido tomando calmantes y antiinflamatorios que nada hacen. No he querido visitar médicos estúpidos que NUNCA le prestan atención al asunto, que solo me ven como un número frío o como un paciente del montón. Solo estoy apostado al tiempo, a que ocurra lo que tenga que ocurrir. Pero eso sí, si por H o por R llegase a resolverse mi problema, no me quedaré callado. Este blog hablará y denunciará con nombres y apellidos a los médicos que no me creyeron, que me trataron como un paranoico y que fueron INCAPACES de resolver el asunto. Me importará una mierda que me caiga encima alguna que otra demanda económica, pues, al fin de cuentas, no soy millonario y los millones, no los tendrán. Hundir el buque, con todo y tripulación, no es problema para mí.

Aunque la solución o detonación del problema no se avizore por el momento, cierto es que he tenido muchos días de calma en mi lugar de trabajo en que, prácticamente, no he tenido que agarrar el pañuelo. Sin dudas que esto ha sido menos preocupación para mí y para mis compañeros de labor. Otros días sí que han sido horrorosos. Antes, en 2016, 2017 y 2018, todo era pésimo; ahora, los días buenos van y vienen.

Sin embargo, estas aparentes mejorías no las veo como un aliciente para el conformismo. Aún deseo que la cabrona molestia del paladar, con todos los síntomas ya antes descritos, lleguen a su fin. En caso contrario, esta historia


Continuará...

domingo, 19 de enero de 2020

Fumador a los 8 años de edad y NUNCA MÁS

Por Iván Ottenwalder



Corría el verano de 1983, mi hermano Carlos y yo estábamos de vacaciones. Como en años anteriores nuestros padres nos enviaron a San José Adentro, un campito atrasado e inhóspito de la provincia Santiago de los Caballeros.



Para aquella época en San José todavía no había llegado la luz eléctrica y mi abuelo Facundo contaba con una pequeña planta de electricidad, la cual encendía a partir de las 7 de la noche y la apagaba como a las 9 p.m. Tampoco llegaba el agua del CORAASAN, el acueducto de Santiago.



Nuestro verano en San José duró como dos meses. Recuerdo aquellos momentos en que Carlos y Alex, este último hijo de crianza de mis abuelos Facundo y Girita, se levantaban todas las mañanas, a partir de las 5.00 a.m, a ordeñar las vacas, mientras yo me quedaba dormido hasta las siete. Aquel desayuno rural compuesto por plátanos, yuca, tortillas de huevos, leche recién ordeñada o tisana, jamás lo podré olvidar. Lo mismo que aquel arroz con habichuelas rojas, carne de pollo y ensalada, todo producido en la finca de Facundo Primitivo Ottenwalder, mi abuelo paterno. ¡Cómo olvidar aquel sazón que le daba Victoria, la eterna cocinera, a esos alimentos! De cena comíamos prácticamente lo mismo que por la mañana: plátanos, yucas, tortillas de huevos, aguacate, leche caliente o agua, porque, eso sí, mi abuelo era tan raro que NUNCA le interesó en que se nos preparara jugos naturales, limón o naranja, durante las horas de comida. Recuerdo perfectamente cuando, tras preguntarle el porqué nunca nos servían jugos, nos reñía: “¡jugo de queeeeeee! Aquí lo que se va a bebé e aaaagua”. Así de simple zanjaba el asunto.



Bastante fresco en mi memoria conservo como Carlos, Alex y yo nos divertíamos deslizándonos por alguna bajada montañosa sentados sobre grandes hojas de yaguas. Aquello sí que era fascinante. Pero jamás podré olvidar aquel episodio que me movió a la envidia, y fue el siguiente:



Una mañana a Carlos y a Alex se les cogió con jugar a los fumadores, pero no con cigarrillos de verdad, sino utilizando unos finos palitos de un árbol que ahora no recuerdo. Eran unos palitos delgaditos y ahuecados por dentro, con hoyitos en ambos extremos. Carlos y Alex solían encender en el viejo fogón de la cocina dichos palitos por uno de los extremos. Una vez hecho esto se daban a la tarea de fumarlos. Yo quería hacer lo mismo, pero no me lo permitían porque, a juicio de ellos, yo era muy chiquito “y lo niño chiquito no juegan a eso Iván”. Me lo tenían prohibido no solo mi hermano y mi primo, también mis abuelos y la cocinera. Fue tanto lo que jodí y deseé por varios días que, una tarde, a eso de las siete, mi abuela Girita perdió la paciencia.



- ¿Qué es lo que tú quiere, dime, fumá? Espérame aquí, vengo ahora, me pidió mi abuela. Esta se dirigió a uno de los aposentos, abrió un armario y extrajo de una cajetilla de Montecarlo un cigarrillo. Fue caminando hasta la cocina, lo encendió por la punta y me lo entregó en mis manos. “Anda, fumátelo y quítate esas ganas que tienes”, me instó. Yo, un pequeño mocoso de tan solo 8 años de edad, obedecí y agarré el cigarrillo, me lo puse en la boca y ….a fumar. ¡Me fumé un cigarrillo de verdad con todo y su nicotina!



Con una calma pasmosa me fumé aquel cigarrillito de verdad que Alex y Carlos parecían niños de pecho ante mí. Mientra ellos fumaban unos de mentiras, yo me divertía con uno real.



Al finalizar el cigarrillo, ya este se había vuelto más chico, mi abuela me preguntó: “¿dime, te gustó? ¿Quieres otro? ¿Ya eres feliz?”. Mi respuesta: “no abuela, ta bien, ya no quiero más. Esto pone a tosé a uno”.



Mi hermano, al ver el episodio aquel le preguntó: “mama Girita, ¿pol qué uté hizo eso? Uté no tiene que dale un cigarrillo a Iván. Yo se lo voy a contá a papi y a mami cuando vengan”.



- Carlitos, mijo, era para que él viera que fumar no es bueno. Pero ustedes tuvieron la culpa por estar retozando con esos palitos viejo, haciendo de fumadores. Él quería hacer lo mismo, le explicó la madre de mi padre.



Final de las vacaciones. Mi madre se enoja con mi abuela



Ya a finales de agosto mis padres, Facundo y Marisol, fueron un fin de semana a San José con la intención, obviamente, de dormir unos días allá y traernos de vuelta a Santo Domingo. Ya era hora, pues las clases empezarían dentro de poco y tanto Carlos como yo debíamos volver a la escuela.



Lo primero que hizo mi hermano mayor, como era de suponer, fue contarle aquel capítulo del cigarrillo a mi madre. “Mami, se fumó un cigarrillo de veldá y mamá Girita fue quien se lo dio. Anda pregúntale”. Como era de esperar, mi madre se enojo de mala manera.



- Mamá Girita, ¿cómo a usted se le ocurre darle un cigarrillo a Iván para que lo fumara. Usted no debió hacer eso. MIRE, ¡NO LO VUELVA A HACER NUNCA MÁS DOÑA GIRITA! IVÁN APENAS ES UN NIÑO. ¡NO DEBIÓ NUNCA DARLE ESE CIGARRILLO A ESE BICHO VIEJO!



- Marisol, es que ya nos tenía desesperado a todos. Yo lo que quería que él se diera cuenta que fumar no es bueno. Lo que pasa es que Carlos y Alex se pusieron a retozar fumando dizque en unos palitos e Iván se sintió envidioso. Yo, para que él se sintiera tranquilo, le busqué un cigarrillo de los de Cun, se lo prendí y entregué. Después que se fumó ese no quiso fumar más, le confesó mi abuela.



- Doña Girita es que no. ¡NO, NO Y NO! NO DEBIÓ NUNCA USTED DARLE ESE CIGARRILLO, ESO LE PUDO HABER HECHO DAÑO. ¿USTED ESTÁ LOCA MAMÁ GIRITA? No lo vuelva a hacer, por favor. Entonces, mi progenitora buscó mi rostro y me clavó la mirada: mira, y tú, que sea la última vez que me entere que tú andas fumando cigarrillo. ¿Oíste muchachito? Te lo advierto.



Y así culminó la historia. Nunca más en mi vida cogí un cigarrillo, ni de juego. A pesar de todo, el destino intentó varias veces ponerme trampas, para ver si en otra ocasión volvía a fumarme uno. Amigos de la universidad llegaron a brindarme algún cigarrillo y yo se los rechazaba. Amigos de Carlos también lo intentaron. Yo, astuto al fin, me daba cuenta de todo. Sabía que si aceptaba fumarme un cigarrillo, Carlitos, un antiguo amigo de infancia, que también fumaba, y fuma todavía, le iría con el chisme a mi hermano Carlos y a don Facundo, mi padre, quien, durante su juventud, también fue fumador.



Y ya para finalizar, quiero que mis apreciados lectores sepan, porque mi público quiere saber, que durante mi fracasada vida sentimental he tenido parejas, aunque de corta duración, que también han fumado y fuman todavía. ¿Eso me molesta? Para nada. Si una chica o mujer me gusta, me importa tres pepinos que fume o ingiera alcohol, aunque yo ni fume ni beba.



A una pareja jamás le reclamaré porque fume, beba o use tatuajes, lo único que le pediría es que me quiera, que seamos buena pareja y más nada. Y con esta última reflexión este capítulo queda cerrado.

sábado, 28 de diciembre de 2019

De vuelta a La Habana. Por el scrabble, TODO (capítulo 7)

Una vez en el parque tomé mi celular y le escribí a Enma, diciéndole que iba para su casa. “Te espero Iván”, me dijo. Abordé una máquina y llegué sin dificultad. Eran más de las 10 de la mañana. La anfitriona preparó café, telefoneó a Arturo y esperamos hasta que este llegara. Cuando arribó nos quedamos platicando un poquito. 

Por Iván Ottenwalder

El domingo 8 de septiembre no hubo scrabble, pero sí realicé algunas buenas diligencias. Por la mañana alcancé a ver una librería abierta en el parque de Copelia. El local era más bien una carpa cubierta por una lona de color. Me animé a entrar, observar y ojear algunos de los libros. Me animaron unos cuantos, los tomé y pagué, todo en moneda nacional, pues, en esa librería, no se permitía el pago en CUC. “Kilómetro 0. La desintegración de la URSS, una visión desde Cuba”, “El Maestro y Margarita”, “Uno para nadie y otros relatos” y “Biografía de un cimarrón” fueron las cuatro obras compradas, listas para traérmelas a Santo Domingo.

Además de conectarme a internet, almorzar y comer helado en Copelia, ya para las 5 de la tarde pude conseguir una boleta para una pieza teatral. Disfruté bastante de la función, aunque no recuerdo ahora el nombre de la misma, pero si me acuerdo de algunos detalles. La obra contaba con cuatro actores, tres mujeres y un hombre, fungiendo este como gay. Las actrices relataban su vidas pasadas, lo mismo que el gay. Una hacía las veces de monja y luego de contar todo su pasado se quitó su atuendo religioso, quedando semidesnuda, con pantis y bikinis y bailando un pop de los 80 mientras se mofaba de una cruz cristiana. Al final, la preciosa y atractiva chica ondeaba un lienzo alusivo al grupo de los LGBT y se lo colocaba a la cruz puesta en escena. Si me preguntan qué me pareció la obra contestaría “de puta madre, buenísima”. Una semana más tarde volvía al Brecht a ver otra función. Esta se titulaba “Dos perdidos en una sucia ciudad”. En ella dos actores fungían como vagos, relatando sus penurias pasadas. La obra termina cuando uno de los vagos mata al otro, quedándose solo y desamparado.

Lunes 9 de septiembre

Me levanté temprano, duché, cepillé, me vestí y desayuné. Salí a la calle en busca de un parque para conectarme, pero antes pasé por la famosa cafetería que siempre menciono, a tomarme par de batidos. Conversé con dos lindas chicas que eran las servidoras, tanto de mostrador como de mesas. Ellas me tomaron rápidamente mucho afecto. La más bella era la rubia, pero a mí me gustaba la de pelo negro. Días después averiguaría su nombre: Amalia.

Una vez en el parque tomé mi celular y le escribí a Enma, diciéndole que iba para su casa. “Te espero Iván”, me dijo. Abordé una máquina y llegué sin dificultad. Eran más de las 10 de la mañana. La anfitriona preparó café, telefoneó a Arturo y esperamos hasta que este llegara. Cuando arribó nos quedamos platicando un poquito.
Mi primera victoria frente a Enma Morris.

Mi primera partida fue ante Enma. Di lo mejor de mí desde el principio abriendo con LENGUAZ (102). Mi consistencia se mantuvo todo el trayecto a pesar de la embestida de mi rival que nunca daba su brazo a torcer. ELEVASEN (72), ZACEO (32), SELLO (72) y LITARON (63) destacaban como lo mejor de mi arsenal. Luego, con vocablos de menos valores, tales como BOX (28), MUTAD (19), PUF (20) y JO (17) seguía al frente, 454-355. Ya casi finalizando el desafío Morris se acercó peligrosamente, 425-470, gracias a RESORTE (70), pero todo quedó en apenas un susto ya que SEDUCIRÉ de 74 me dio la victoria con holgada pizarra de 551 a 425. Era la primera vez en mi vida que derrotaba a Enma Morris en las palabras cruzadas.

Bonifiqué cuatro veces: LENGUAZ (102), ELEVASEN (72), LITARON (63) y SEDUCIRÉ (74). Mi adversaria en tres ocasiones: BOCHADAS (79), HABITARE (92) y RESORTE (70). Mis cortas letales ZACEO (32) y BOX (28); las suyas HEÑÍ (35), HORRARÁN (50) y MOFAN (42).

Mi segundo match fue contra Arturo Alonso quien me derrotó con cerrado margen de 433-407. SEGAREN (69) y PROCEDES (82) fueron sus bonus y MICAS (52), AJORADO (52) y QUÍA (32) sus cortas asesinas. Mis bingos fueron un inexistente PREVEEIS (66) y ATESTADA (63) mientras que LLENEZ (74), TAÑES (47) y DUX (36) mis cortos mejores puntuados.

Tras un pequeño descanso otra vez de cara ante Alonso. Caí derrotado con paliza de 605 a 431. Seis bonus fueron su carta de triunfo: CIÑERE (66), COMERÁN (83), COQUEASE (80), DERRETÍAS (84), BRINDADO (72) y SALUDÁIS (59). De mi lado solo hubo tres: AGITARÁ (83), ALINEASE (77) y RELIGUEN (72). Mis cortas más valiosas fueron OX (40), JO (34), VE (32) y FONO (33).
Revés ante Arturo Alonso.

Llegaba la hora del almuerzo y nos abocamos a comer. Como la vez anterior la comida preparada por la cocinera de la casa estaba riquísima. Mi paladar no tiene complejos. Así como en República Dominicana me decanto por mi comida criolla, una vez en Cuba mi chip gustativo mental se adapta a la perfección a la comida cubana.

Después del almuerzo vino el reposo de 40 minutos. Tomamos café; Enma y Arturo, como buenos fumadores, fumaron. Hablamos sobre nuestra próxima visita, el jueves 12, al Tun Tun.

De vuelta al combate

Miguel Stevens fue mi oponente. Me venció de forma contundente, 524-421. Aunque solo bonificó dos veces, con LEGASTE (74) y ROTARÉIS (62), pudo sacar provecho de los vocablos cortos, los que en verdad me aniquilaron: ACORRÍ (51), LAVADO (42), HIZO (38), TRAJE (81), LLE (38) y SEÑO (35). Yo pude colgar tres bingos: ANCIANAS (78), TRONCABA (89) y MUESCAR (67). Mis cortas letales fueron HEDÉ (32), MACHETES (42) y OC (33).

Mi siguiente adversaria, la dueña de casa, Enma Morris. Este fue un desafío que jamás podré olvidar mientras vida tenga. Tuve todas las de ganar, para luego, estropearlo al final.

Derrota ante Miguel Stevens.
Arranqué como una tormenta con jugadas de mucho valor como ENROMÉIS (61), HALLARÁN (99), ZURCÍ (74) y JO (36) que rápidamente me pusieron en la delantera 270-116. Más adelante, con DESATÁIS (68) y HOCE (32), aún me mantenía firme, 385-290. Sin embargo, Enma, que nunca se rinde tan fácil, le echaba ganas a puro pulmón. Con BOQUEÉ (46), GARRÉ (36) y YA (09) descontaba ventaja, 381-435. En la bolsa apenas quedaban dos fichas, era la recta final y en su atril había buenas letras; también en el mío, pero habían dos que debí haberlas cambiado y no lo hice. Era mi turno y, en vez de cambiar esas dos letras, me aloqué y jugué CONGAS, cercano a la zona de triple tanto de palabras, una jugada de 19 tantos que puso las acciones 454 a 381, pero mi rival tenía una formación para bonus. Recuerdo cuando Stevens exclamó “¡Nooo, qué hicite asere. Botaste el juego!”. Enma colocó su scrabble, LEUDARA (84) y, sumando cinco puntos del descuento de mis fichas, se llevó la victoria, 470-449.

Otra zurra ante Stevens.
Al final del match el mismo Stevens me explicó lo que debí haber hecho para evitar el revés, cosa que luego comprendí a la perfección. También Arturo analizó mis posibles jugadas y, en efecto, tenían razón: si en vez de jugar CONGAS, hubiese cambiado las dos letras que entorpecían mi atril por las dos del bolso, hubiese tenido una mejor opción de juego. En pocas palabras, armas para ganar.

Mis bonus fueron ENROMÉIS (61), HALLARÁN (99) y DESATÁIS (68). Entre mis cortas poderosas estuvieron ZURCÍ (74), JO (36), HOCE (32) y MECHADA (38). Por Enma hubo tres bingos también: RESUDÁIS (63), ALIENTE (69) y su ganador LEUDARAS (84). Sus pequeñas gigantes fueron FATO (46), POLVEÉ (43), BOQUEÉ (46) y GARRÉ (36).

Después de aquella frustración tras echar por el inodoro la partida frente a Enma, volví a jugar contra Miguel Stevens. Nos enfrentamos en tres matches consecutivos y los tres los perdí. El primero por golpiza de 548-346. CEROTEE (74), ZOCASTE (94), DUERMEN (87) y CAERÍAS (74) fueron sus cuatro bonificaciones. Las mías apenas dos: RAJONAS (108) y PLANEAS (72). Sus cortas asesinas CHEF (41) y NARRO (36). Las mías SEXI (32) y REÑÍ (34). 
 
El otro revés frente al Ídolo fue por paliza de 564-324. COBRÁIS (81), ENTRADA (80) y ASUSTAN (71) fueron sus scrabbles mientras que HEZ (50), PALLE (48), JALEO (50) y UÑO (42) sus cortas de mayor valor. Mis bonus fueron ADOCENE (76) y TEDIOSA (66). En MARRAN (36) tuve mi corta más significativa.

Mi derrota por penalidad al restar 20 tantos. Mal uso del reloj.
La otra zurra ante Stevens fue por marcador de 520-375. Llegué a verme arriba solo en dos ocasiones, con marcadores de 226-206 y 287-272, pero, después de ahí, el Ídolo de la lisa volvió a ocupar el timón y jamás lo perdió. Sus bingos fueron tres: URUNDÉIS (80), SANEARES (77) y TALONEO (71). SILLÓN (32), BARRED (34), DUEÑOS (66) y AJ (39) sus cortas mejor puntuadas. De mi parte coloqué tres bonificaciones: EXIGIERA (82), PADECERS (de 98 pero inexistente) y LOTEADOS (61). No tuve cortas de amplios valores.

Mi siguiente desafío fuente contra Arturo Alonso. Lo perdí 439-421 y todo por culpa del tiempo. La partida hubiese culminado a mi favor, 441-439 de no ser por una penalidad que me hizo perder 20 tantos, luego de consumir dos minutos adicionales, tras haberse agotado mis 30 minutos de juego.

En verdad, también hubo otra razón: desde el principio de la partida, jugué muy cerrado, tratando de cerrar todos los flancos posibles. Esto, ciertamente, que le complicó las posibilidades de bonus a mi oponente, pero también me los compliqué a mí mismo.

Mis bonus fueron ESPETARA (80) y DESCARNÓ (67) mientras los de mi rival TOREÉIS (66), ENCELADA (86) y JOCHARES (91). Mis cortas más valiosas JAÑOS (57) y LUCHARES (36). Las de Arturo COZ (34) y XI (37).
Revés ante Stevens en reñido desafío.

Una vez finalizada la partida Enma me pidió que la acompañara a comprar algo. “Mira tú, querido, ven y acompáñame a la bodega, para que descanses un rato, que ya se te ve muy estropiao. Ven, párate, que no quiero ir sola”, me ordenó la anfitriona con aire de mandona.

Eran casi las nueve de la noche cuando acompañé a Enma a la bodega. Tardamos como quince minutos en regresar.

Al retornar Enma y yo jugamos una y también la perdí. El score fue de 585-390. La estuve ganando en tres ocasiones: 78-36, 161-153 y 290-261, pero se me esfumó en menos de lo que canta un gallo. Sus scrabbles fueron TOREÁIS (71), ENFADÉ (86) y CENSURAS (83) mientras que sus cortas letales JO (36), TORRES (46), EX (36), CROMAD (42) e HILO (53). Mis bonus BECARON (78), LUNEABA (63) y GUANTEÓ (82). Mis pequeñas valiosas ÑA (38) y ACORAZÓ (56).

Mi siguiente adversario fue Miguel Stevens. Rápidamente me sacó ventaja con RABÍNICO (74), 74-20. Le respondí con INFLAMÓ (74) y tomé el control, 94-74. CORROYAS (69) me puso más arriba, 163-74, pero ESCULLÍAN lo ubicó en la cima, 170-163. Más tarde, una espectacular ZAIREÑA (92) más unos deliciosos JUGOS (83), que les generaron 175 puntos, colocaron la pizarra 345-190, a su favor. El juego se ponía de un solo lado, pero aún yo creía en la magia, en lo imposible. AIREADO me dio 91 tantos y me acerqué, 281-345. ESCONDE (74) le produjo 74 y se alejó, 419-281. Mis fichas vinieron en OLEADAS (86) y asusté nuevamente, achicando distancia, 367-419. Poco después, cuando Stevens lideraba 482-408, sorprendí con MUTARES (75) y, dramáticamente, me fui arriba, 483-482. Al Ídolo no le gustaba lo que veía y con VAQUÉ (34) cogió el timón (516-483). HIN (12) no le hizo daño, pero su EX (39) sí a mí. La anotación se ponía 555-495. GIL (08) tampoco le hizo cosquillas pero su AR (26) dio término a la partida, 581-503. Sumó un tanto de mi descuento y el marcador final resultó 582-502.

El ganador solo necesitó tres bonus (RABÍNICO de 74, ESCULLÍAN de 96 y ESCONDE de 74), pero su atractiva ZAIREÑA (92), sus apetitosos JUGOS (83) más otras cortas mortales como CHAL (38), VAQUÉ (34) y EX (39) fueron determinantes y tuvieron mucho que ver con su victoria.

Lo mejor de mi repertorio fueron cinco scrabbles: INFLAMÓ (74), CORROYAS (69), AIREADO (91), OLEADAS (86) y MUTARES (75). TACES (36) fue mi única pequeña gigante.

Mi última partida de la extensa jornada fue ante Arturo Alonso, un rival que siempre me ha dado mucho dolor de cabeza. Incluso, hasta en los matches que les guapeo, siempre se las apaña para batirme. Y, precisamente, eso hizo en el último. Me derrotó 491-434.

De nada me sirvieron COLAMOS (76), CATARÍAS (83), RESEÑAR (79) y RADIADO (64), mis cuatro bonus. En cambio, sí le sirvieron sus tres: BANDEÁIS (74), GUSANEO (72) y ACOLLABAN (86), más sus letales EX (48) y DEJÓ (52).

A terminaba mi angustiosa y bochornosa jornada escrablera del lunes 9 de septiembre de 2019. Solo gané una, y perdí 11. Así como lo leen, 1-11 fue mi foja en casa de Enma Morris. Para ser sincero, pudo haber sido 3 y 9 de no haber echado al basurero dos partidas que jamás debí haberlas perdido. De igual forma, un 3-9 hubiese sido degradante, pero un poco más dignificante que el 1-11. Al menos, me hubiese ido con la nota un poco alta.

Arturo me llevó a la pensión en su auto. Llegué, entré a la habitación, me desvestí, duché, sequé, puse el pijama, me cepillé los dientes y me tiré a dormir.

ESTADÍSTICAS, 9 de septiembre 2019

Ganadas 1, perdidas 11
Contra Enma Morris: 1-2
Contra Arturo Alonso: 0-4
Contra Miguel Stevens: 0-5
Promedio de puntos por partida: 420.91
Promedio de scrabbles por partida: 3.0