Por Iván Ottenwalder
Scrabble del bueno ...béisbol del bueno
Llenando el vacío que otros dejan.
domingo, 25 de enero de 2026
sábado, 13 de diciembre de 2025
Estrellas Orientales, el equipo que ganó el primer round robin del béisbol dominicano
- La hazaña ocurrió durante el primer playoff de este tipo acontecido en la temporada 1986-87.
- El equipo de San Pedro de Macorís
obtuvo el contundente récord de 7-2.
Por Iván Ottenwalder
Para la estación beisbolera 1986-87 vio la luz un formato de eliminatorias denominado Round Robin, conocido también como el Todos contra Todos. Se trató de una innovación en el béisbol dominicano. Antes, el formato clasificatorio (para las temporadas de 1983-84 hasta el 1985-86) se basó en dos semifinales pactadas al mejor de un 7-4 donde, el primer lugar de la vuelta regular se enfrentaba al cuarto puesto de la misma mientras que, el segundo y tercero también hacían lo mismo. Pero antes del 1983-84 la clasificación semifinalista era otro tanto distinta: el primer lugar de la vuelta regular se clasificaba automáticamente a la serie final mientras que, el segundo y tercer puesto disputaban una pequeña semifinal pactada a un 5-3. Quien la ganaba, pasaba a disputar la gran final contra el equipo quedado en primero. Esta última disputada al mejor de un 9-5.
Así de variable han sido las clasificaciones a los playoffs
en el béisbol criollo.
Par ese Round Robin de 1986-87 que, se confeccionó para un
máximo de 9 partidos, los rivales serían: Azucareros del Este, Águilas
Cibaeñas, Estrellas Orientales y los Tigres del Licey. Cada conjunto por
individual tenía que jugar 3 partidos contra cada oponente. Por ejemplo, las Águilas
Cibaeñas jugarían tres desafíos contra el Licey, 3 contra las Estrellas y, la
misma cantidad frente al combinado de La Romana, los Azucareros del Este.
Los Orientales perdieron sus dos primeros partidos. Luego triunfaron
en los próximos 7.
Sábado 10, 1987
Estrellas pierden 6 a 1 frente a las Águilas.
Domingo 11, 1987
Estrellas caen vencidas 6-5 ante los Azucareros del Este.
Lunes 12, 1987
Los Paquidermos ganan su primero desafío, 8-1 ante Licey.
Martes 13, 1987
Estrellas apabullan a las Águilas Cibaeñas, 14 carreras a 4.
Miércoles 14, 1987
Estrellas vencen 3-2 a los Azucareros.
Viernes 16, 1987
Estrellas derrotan 2 carreras por 1 al Licey.
Sábado 17,
1987
Estrellas vencen 3-2 a las Águilas del Cibao.
Domingo 18, 1987
Estrellas doblegan 11-7 a los Azucareros del Este.
Lunes 19, 1987
Estrellas Orientales derrotan a Licey 2-1.
Posiciones finales del Round Robin
Estrellas 7-2
Águilas 5-4
Licey 3-6
Azucareros 3-6
Fuentes:
El Nacional
de ¡Ahora!, Última Hora y Listín Diario (enero de 1987)
Agradecimientos:
Al personal
de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional Pedro Henríquez Ureña
domingo, 16 de noviembre de 2025
El Scrabble llegó al Catalonia Beach de Bávaro: El campeón de Cuba frente a mí (2)
Por Iván Ottenwalder
Me desperté a las 5 de la mañana.
La hora del desayuno empezaría a partir de las 6:30 am, de modo que, me quedé
leyendo un rato.
Como a las 6:20 me vestí, salí de
la habitación y me encontré con Rolando y Karina, quienes también salían de su
dormitorio.
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| Tercera partida. |
Rolando y yo acordamos jugar al
menos una partida por la mañana, cerca del área de lobby. También pactamos reunirnos en la noche en un restaurant distinto
a cenar, sea uno japonés o español.
Terminado el desayuno nos
dirigimos al área de recepción del hotel para reservar en el restaurant
japonés. Seríamos los tres: Karina, él y yo. La empleada que nos atendió nos
dijo que el restaurante japonés abría a partir de las 10 de la noche. Rolando y
su hija consideraron que esa hora era muy tarde. Entonces decidimos irnos por
el español. Este abriría a partir de las 8:00 p.m. La recepcionista nos tomó
los nombres para la reserva de la cena en ese restaurant.
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| Cuarta partida. |
MASTICA fueron los primeros 76
puntos de la partida. Míos. Rolando respondería con LAÑANDO (60) en el cuádruple
de palabras. Pocos turnos más adelante bonifiqué con TIRADORA (70), él con un
inexistente DESGRAPÉ que se la di como válida cuando, pude haberla objetado. Si
buscábamos en el Lexicón, hubiese demostrado su error. Sin embargo, le respondí
con otro bingo (RETARAN de 81) que me puso en delantera, 247-181. Él, en una
exhibición de exquisito vocabulario, me metió un JAMBO de 32 tantos.
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| Quinta partida. |
El resto de jugadas no cambiaron
la tendencia en la anotación. Rolando ganaría con un convincente marcador de
493 a 429. Era su primera victoria. Aquello era un mensaje de que tenía que
apañármelas bien fuerte si quería volver a ganarle. Estaba, de frente al mejor
jugador cubano. El más ganador del Internacional Cuba Scrabble así como, unos
de los mejores de toda el área latinoamericana. Una verdad absoluta sin
discusión.
Se reanuda la acción a las tres de la tarde
Después de haber almorzado a las
12:30 de la tarde, tomamos un largo reposo de más de dos horas.
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| Sexta partida. |
Mi arranque no fue malo; el de él
fue mejor. Después de abrir con CENAREN (74) mi oponente respondió con dos
bingos seguidos (CONTROLÉ de 63 y BATEAREN de 86). Mi problema estuvo en que,
después de colgar dos buenos cortos QUITÉ (32) y AJ (34), cometí un par de
errores tontos. Esto me pasaría la cuenta pues, él supo muy bien capitalizar
mis yerros. Soltó un CAREANDO (74), un buen CHAS (27) y BOY (23) más un
terrible APUNEMOS (74) tan demoledor que, puso la pizarra 364-226 de su parte.
Aunque, conseguí un buen reforme jugando DES
para formar DESCONTROLE (42) y, más tarde, con un buen uso de la Z y RR
para colocar ZURRARÁ (84), de nada serviría pues, Rolando, también tuvo unos
buenos contragolpes en dos scrabbles como DECLARES (74) y AHITADO (66). Finalmente,
se llevaría la victoria con holgado marcador de 565 a 426.
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| Séptima partida |
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| Una frase estimulante alusiva al Hotel Catalonia |
Estaba empezando a lloviznar. Él
se despidió hasta la noche cuando, nos veríamos en la cena en el restaurante
español. Yo decidí guardar mi tablero de juego y regresar a la habitación. Me
coloqué un traje de baño y salí de nuevo con toalla al hombro. Estaba lloviendo
ahora mucho más fuerte. Quería volver a la playa, como ayer, pero entonces me
desmotivé y preferí la piscina.
Duré en la alberca hasta las 6:30
pm.
Solo en la cena
Antes de las siete de la tarde ya
me había duchado y luego alistado para salir a cenar. Era temprano todavía
pero, de igual manera le escribí por el chat a Rolando y, este me dijo, que ya
no irían (él y su hija) al restaurante español debido a las fuertes lluvias. “Otten,
Karina está indispuesta por la tanta lluvia que está cayendo. No iremos al
restaurante español”. Intenté convencerlo que de la lluvia estaba empezando a
amainar pero, de igual forma, no lo pude convencer. Así las cosas, me preparé
para ir solo.
De modo que, cuando faltaba poco
para el reloj marcar las 8 de la noche, hice mi cola en las afueras del restaurante
ibérico. Todo ocurrió rápido. Me ubicaron en una mesa pequeña para apenas una o
dos personas y, al poco rato, un mesero se me acercó para tomar mi orden.
Ordené no recuerdo exactamente
qué ahora mientras escribo pero, lo cierto es que, todo estuvo muy riquísimo. Lo
mismo el postre.
Tras terminar, no sabía luego qué
hacer. Entonces fue cuando decidí aprovecharme y complacer mi paladar con los
postres del restaurante tipo bufé. Estaban estos más deliciosos todavía. En
verdad, soy un amante a los dulces aunque, admito que, si abuso de ellos, el
colesterol se me eleva. Entiendo que las dietas son a veces tiránicas pero, me
estaba disfrutando mi estadía en el hotel playero. ¿Cuántos años tenía sin
disfrutar de un hotel playero? Muchos. Desde 2011 no visitaba uno.
Últimas dos partidas
A eso de las nueve, Rolando me
deja una nota de voz por el whatsapp pidiéndome que jugáramos al menos dos
partidas. Le di el visto bueno y acordamos juntarnos en mi habitación a la 9:30
p.m. para jugar esas dos últimas. La serie estaba 3-2 a mi favor. Solo tendría
que ganar una sola para titularme ganador de dicha serie. De fogueo sí, pero
serie al fin.
Llegada la hora nos alistamos
para la sexta partida. Preparamos una mesa y encendimos las luces más una
lámpara para que nos diera mejor iluminación. La batalla ya iba a empezar.
Rolando comenzó como un tractor
demoledor. Sus primeras anotaciones gracias a unas pequeñas gigantes de buen
valor (ABOLLÉ de 30, ACILO de 33, LLAR de 31 y ARRIDO de 37) lo colocaron al
frente rápidamente 131-64. Un MUDÉ (23) me acercó (84-131) pero, dos scrabbles
seguidos (CRINARES y COSTARON) el primero de 67 y el otro de 70, le adelantaron
de manera holgada (268-84). Ya el desafío estaba de un solo lado y, remontar, se
me haría muy cuesta arriba. Pero el tractor no se detuvo. BOJE de 33 y, más
tarde, unos ARENEROS (70) terminaron por echarle arena a mis esperanzas. La
pizarra estaba 371-139. Nada que buscar. De nada tampoco sirvió un EMPLASTA de
74 que me llevó a los 213 tantos. Él, vendría por más. Más 44 puntos de EFOD, más
30 de VIRÉ, más 28 de YAPEN, 33 de CUETE, y unos 35 de TEX, fueron peor que la
tapa al pomo. La anotación navegaba muy a su favor, 541 a 301.
Finalmente, el flamante campeón
cubano me zurró con marcador de 554 a 322. La séptima partida decidiría el
campeón del fogueo que, por razones de tiempo, pudo ser solo de un 7-4. Si mi
estadía en el hotel se hubiese extendido un día más, seguro que hubiésemos
jugado 4 o hasta 5 desafíos extras. Pero, quién sabe si, para mi fortuna,
convino que solo jugáramos siete y que mi estadía en el hotel hubiese sido de solamente
2 noches.
Después de una orinada en el
baño, regresé para jugar el séptimo match
de la serie. Estaba dispuesto a salvar mi honor, a reivindicarme de mi pésima
actuación en el torneo de New York. Pero, esa salvada de honor requeriría de un
gran esfuerzo y de entregar hasta el 200 por ciento si era necesario para
alcanzar tal objetivo. Asumí el reto.
Abrí cambiando fichas. Él hizo lo
mismo. Recordé que, hace horas, estaba CENANDO (74) dos veces en diferentes
restaurantes. Mi rival ha SONDEADO, no tan a fondo, para sus primeros 64
puntos. Un simple ZA pero de un gran valor (47) me llevó a los 121 puntos. Él
astutamente se deshizo de la Q con CUQUE (24) digno para llegar a los 88. El
pleito estaba aún reñido. Vine entonces con REFLUIDO (72) y él con ZALLARON
(46). Respondí con AOVASTE (87) y él con XIS (57). En ese momento la partida
estaba a mi favor 280 a 191. Sabía que la ventaja que le llevaba no era aún
suficiente. Quedaba mucho trajín.
Dos cortas gigantes (REDUCE de 30
y HUNO de 34) me alejaron todavía más en el marcador. La cosa estaba ahora 344-223.
Más tarde las acciones pintaban a una paliza cuando, con PUMA (40) me vi
dominando 427 a 279. Con PERRO (39) me acomodé más (466-279). Rolando
respondería con TACHARES (84) para mantenerse en la batalla (466-363). Cometí
luego un yerro. Él colocó un ZAYA (21) y después yo cambié fichas. Ahí vino una
bomba. Esta me ENTIESA (86) hasta las coyunturas y se va arriba de manera
asombrosa (470-466). Así son las rectas finales muchas veces en cualquier
disciplina, llenas de muchos dramatismos. Pero, en mi último turno, mis letras,
las MÍAS son las que pondrían el mayor suspenso, las que me sumarían unos 25
tantos, para así volver a tomar el comando del marcador (491 a 470). Él juega
CAP (07) que lo deja corto. Apenas puede sumar 3 puntos de mi atril, para
terminar con 480 tantos. El score final
queda 488 contra 480 con una victoria para el autor de esta crónica.
Había logrado mi premio de
consolación tras ganarle al mejor jugador cubano del scrabble. Mis cuatro victorias
fueron muy sufridas; las tres de él, puras golpizas pero, de igual manera
victorias al fin. Era el campeón del fogueo. Nada de trofeo pero, sí una gran
satisfacción. No fueron pocas las vergüenzas (en 2016 y 2019) que experimenté
en La Habana frente a jugadores cubanos de gran nivel. Para mí, se trataba de
una especie de venganza consumada.
Rolando y yo nos despedimos hasta
el siguiente día. Mañana martes 24 sería mi último día en el Catalonia. Una
estadía de la que nunca – por más costosa que me saliera – jamás olvidaría. Una
vez mi amigo se marchó apagué las luces y me eché a dormir.
Martes 24
Por la mañana nos reunimos
Rolando, Karina y yo en el restaurante cerca de la piscina. Desayunamos
abundante. Ellos más que yo. Aún llevaba mi dieta gástrica desde marzo. Platicamos.
Luego caminamos hasta la playa. En un bar de área VIP pedimos unos tragos. El
mío, una piña colada sin alcohol. A eso de las 11:30 a.m. les digo a mis amigos
que iré a mi habitación a recoger mis cosas, un pequeño bulto y dirigirme al lobby para firmar mi salida. Acordamos
vernos más tarde en el almuerzo. Sin embargo, no volveríamos a vernos más.
Tras la entrega de mi habitación
me fui a comer al restaurante bufé. Le escribí por el chat a Rolando pero este
no contestó. Quizás se estaba bañando en la playa o tenía su celular apagado.
No lo sabré. Entonces decidí que almorzaría solo. Me había servido arroz con
gandules y pescado al vapor. Estaba muy delicioso. El postre, por igual.
Al terminar el almuerzo me dirigí
al área del lobby. Tomé mi celular y
llamé a un taxi. De paso aproveché para que me quitaran la pulsera de mi muñeca
– cosa que hizo un empleado oficial del hotel – y recogí mi bulto que había
dejado bajo cuidado de la seguridad del resort. El taxista tardó en llegar unos
20 minutos. Abordé el vehículo de la compañía In Drive y así me despedía del
Catalonia Beach.
El conductor del vehículo me
dejaría en la parada de autobuses APTPRA. Allí compré mi boleto de regreso a
Santo Domingo. El próximo bus saldría a las cuatro de la tarde. Eran apenas las
tres. No tenía de otra que esperar.
Cuando llega la hora abordó un
autobús de dos pisos. Nunca en mi vida había viajado en un bus de ese tipo. Y,
como cosas de destino, mi asiento estaba localizado en la segunda planta de ese
gran vehículo. Sin proponérmelo había experimentado algo nunca vivido. Por eso,
se dice, la vida está llena de sorpresas.
No tenía de qué quejarme en lo
absoluto.
Hojas de anotaciones desde la tercera hasta la séptima partida
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| Tercera. |
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| Cuarta. |
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| Quinta. |
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| Sexta. |
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| Séptima. |
jueves, 23 de octubre de 2025
sábado, 18 de octubre de 2025
El Scrabble llegó al Catalonia Beach de Bávaro: El campeón de Cuba frente a mí (1)
Por Iván Ottenwalder
El 16 de junio me levanté
temprano. Aún me quedaba más de una semana de vacaciones. Después de desayunar
revisé el whatsapp y había otro mensaje de Rolando Guadalupe. En este me
mostraba el enlace del hotel donde estarían él y su hija hospedados. Era el
Catalonia Bávaro Beach, un resort situado en la costa este del país en la
provincia La Altagracia. Entré a la página de ese hotel y vi los precios. La
habitación más asequible a mis bolsillos era la junior suite. Su precio era de
unos 220 dólares la noche pero, aplicando un 10% de descuento. Reservé esa
opción, solo por dos noches. No podía darme un gusto económico y placentero mayor.
Ese lunes 16 también hice otras
diligencias puntuales. Rolando y yo manteníamos conversaciones por el chat. Me
contó que llegaría al resort el sábado 21 y se regresaría a La Habana el sábado
28 (mes de junio). Le expliqué que estaría en el hotel por dos noches, del
domingo 22 hasta al martes 24. Tomaría el bus desde Santo Domingo hasta Verón
(Bávaro – Punta Cana) y llegaría bien temprano al hotel Catalonia a eso de las
12:30 p.m. Lo tenía todo bien programado.
| Área de recepción del Catalonia Bávaro Beach |
Era increíble que, saliendo de un torneo de scrabble en New York, pocos días después me encontraría en otro escenario para jugar a las palabras cruzadas aunque, esta vez, solo partidas de fogueos. Para lo difícil que se me hace encontrar con quién jugar scrabble en este país, aquello era una gran bendición.
Domingo 22
Aquel domingo 22 me levanté bien
temprano. Desayuné bien no recuerdo exactamente qué ahora mismo pues, aunque
para muchos mi memoria es privilegiada, tampoco es que sea tipo robótica.
A las 7:30 de la mañana enrumbé
hacia la compañía de buses APTPRA. Pagué mi boleto de viaje y esperé en una
gran sala hasta que dieran las 9:00 am hora en la que abordaría el autobús con
destino a Verón. En ese momento era las 8:00 am y tuve que aguantar una hora de
espera. Pero, esas son las reglas. Pude haberme ido en el bus de las 7:00 am
saliendo mucho más temprano de mi casa pero, preferí el horario de las 9:00 am.
Al llegar a una de las paradas de
Verón, tomé un taxi de la compañía In Drive que me llevó al resort. Pagué 500
pesos por el trayecto.
Eran como las 12:30 del mediodía.
Fui al área de check in a pagar mi
estadía. La habitación, según me dijo la señorita que me atendió en el lobby aún no estaba lista. Tendría que
esperar hasta las 3 de la tarde pero “si aparece antes una habitación se le
asignará de inmediato. Le llegará en ese caso un correo electrónico a su
cuenta”, me explicó. Le pregunté si podía aprovechar para comer y me respondió
que “claro, ya usted pagó, usted es un huésped de este hotel. Cuando usted
quiera puede ir a comer”, me dejó saber. Me dijo habían dos restaurantes para
tales fines, en los cuales también se sirven los desayunos. “Uno, por el área
de la piscina y, el otro, cerca del lobby”.
Aproveché para almorzar
tranquilamente. Luego, cuando me dirigía al área de los postres, diviso a
Rolando Guadalupe y a su hija Karina, la cual no conocía. A poca distancia le
llamo. “Rolando”. Él voltea la cara y me ve. “Otten, mi hermano” me responde al
saludo. Nos dimos un fuerte abrazo. Su hija me tendió la mano para saludarme y,
tal como si fuese un caballero del siglo XIX y del XX, se la besé.
Tras servirnos el postre ubicamos
una mesa para sentarnos. Platicamos tendidamente mientras degustábamos nuestros
dulces y helados. Todo muy delicioso. Ellos (Rolando y Karina) habían llegado
el día anterior, el sábado. Estaban hospedados en la habitación número 606. En
mi caso, aún no me habían asignado una.
Terminamos el postre. Rolando y
yo acordamos vernos en una hora aproximadamente. Se dirigieron a su dormitorio.
Yo, en cambio me encaminé hacia el lobby.
Mientras me dirigía a la
recepción revisé mi mail y ¡Eureka! Ya tenía una habitación asignada. Era la
605, al lado de la de Rolando y Karina. ¡Cuánta coincidencia!
Le digo a la señorita que estaba
en recepción que ya tenía habitación. Que me había llegado un correo
electrónico. Ella me pide mi nombre y verifica en su computador. “Tiene razón.
Es la 605”. Me coloca en mi muñeca un brazalete el cual contenía un censor
codificado. “Usted solo tiene que colocar el censor sobre la cerradura de la
puerta y ella abre automáticamente”, me explicó.
Me encaminé hacia la villa 6, que
era el bloque donde estaba mi habitación. Al principio me perdí dando una
vuelta alrededor de dicho bloque pero, luego de preguntar a un trabajador del hotel,
este me dijo “mire señor, es esa”, señalando hacia donde estaba. “Solo camine
un poco, ya verá la puerta”. Le di las gracias.
Mi alcoba era preciosa. Bien
espaciosa. Lo tenía todo para sentirme como un rey por tan solo dos noches.
Acomodé mis pertenencias. Las engaveté muy organizadamente. Minutos después –
supongo que eran como las dos de la tarde – recibo un mensaje de whatsapp de
Rolando para que nos juntemos cerca del área de piscina a jugar un par de
partidas de scrabble. Me vestí un short
jean y una franela fresca, me calcé mis chancletas. Tomé mi juego de
scrabble y salí hacia allá. No era tan lejos.
Nos encontramos cerca de la
piscina. Ubicamos una mesa y un par de sillas. Acomodamos el tablero de
scrabble, la bolsa de fichas, los atriles y hojas de anotaciones.
“Solo dos partidas Otten que
luego me voy a bañar en la piscina”, me dijo. Acepté. Yo también me bañaría,
pero en la playa más tarde. Tenía desde 2013 que no me daba un baño de mar.
Primera partida
En el primer combate tuve un
excelente arranque. Una buena combinación de cortas valiosas (GAÑID y HAN de 32
cada una, MAPEO de 26) junto a dos bingos (ADOSARÍA de 66 y BOTEARON de 70) me
pusieron rápidamente arriba en el marcador (216-123). Más tarde JU (36),
TORREÓN (35) y AX (52) me consolidaron aún más (360-194). Rolando es un gran
veterano y, en cualquier momento, vendría su ataque. RETOCARE (74) le dio un
suspiro y alcanzó los 268 tantos. Sabía perfectamente que la partida aún no
estaba liquidada. Tenía que buscar un golpe de gracia que anegara las
posibilidades del contrario. Y ese golpe de gracia fue FERAZ, de 54 puntos. Ya
estaba dominando 436-296, una ventaja de 140, muy cuesta arriba para mi
entrañable rival a quien pocas veces he podido vencer en esta vida.
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| Primera partida. |
Al final, estando la partida 452-309, Rolando colocó un gran scrabble pero, se quedaría corto. MISASES de 88 lo llevaría a 397. Sumó 14 tantos del descuesto de mi atril y perdió 411-438. Tremendo susto al final.
El segundo desafío sería más reñido. Después de un AUSENTE de 66 colocado por mí, mi oponente remató con tres scrabbles (dos consecutivos) y varias pequeñas gigantes. Los bingos fueron DEMANDÉ (77), CHOCARREES (77) y DELEITAR (60) y, sus cortas valiosas, CUPE (40), OXEA (33) y JAEZ (40). Yo también tendría lo mío: TOCASEN (70), COLLA (26), GANDULES (74) y MUY (30). En ese momento, el match se hallaba 364-356 a favor de Guadalupe. Este, colocó un ÑU de 53 que parecía terminar con mis esperanzas pero, no fue así. Tenía un gran atril y solo había una posibilidad de bonificar, en un solo espacio. Estaba perdiendo 417-356 y tenía que reaccionar rápido. Vi la jugada. Jugué ROSANDO / ACOLLA, formación esta que me dio 84 tantos. Tomé la delantera (440-417). Rolando respondió con VITE en zona de triple superior izquierda. Esta le otorgó 31 puntos y de nuevo se vio al frente (448-440). Yo tendría la última jugada: SESO (08), con la que empaté y, finalmente gané pues, sumé 4 puntos del atril de mi rival. La victoria fue 452 a 444.
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| Segunda partida. |
Era asombroso como, después de
haber jugado tan mal en el torneo de New York, perdiendo ante rivales de
menores categorías que Guadalupe, pude vencer a este, quien se había proclamado
campeón del Cuba Scrabble de 2025, en dos partidas. Aún quedarían más por jugar
pero, serían mañana lunes 23. Rolando se iría a dar un baño de piscina y yo,
como ya lo tenía previsto, uno de mar. Nos despedimos por el momento.
Fui a mi dormitorio a cambiarme
de ropa. Me coloqué un bañador y me encaminé hacia la playa. Después de 12 años
volvería a bañarme en el mar. ¡Cuánto tiempo!
El agua estaba tibia, una
temperatura divina pero, llena de algas. Eso fue lo que no me gustó. Igual
disfruté del baño de mar. Como a las 6:45 de la tarde terminó mi terapéutico
baño marino.
Me fui a mi habitación a darme
una buena ducha tibia y cambiarme de ropa para ir a cenar. Antes me puse a ver
la televisión. Sintonicé el canal donde transmitirían el séptimo partido de la
final de la NBA entre los Indiana Pacers y Oklahoma City Thunder. Estaban
apenas dando la antesala, la previa de comentarios antes del juego.
Apagué luego el televisor y me
fui al restaurante a cenar.
No volví a saber de Rolando desde
que terminamos las dos partidas de la tarde. De igual modo, aproveché para
cenar abundante en el área de restaurante. Todo estuvo delicioso.
Al terminar de saciar mi apetito,
me regresé a la 605, mi dormitorio. Encendí el televisor y me quedé viendo el
séptimo partido de la final de la NBA. Indiana estuvo ganando hasta el medio
tiempo, apenas por un tanto. En el tercer período los City Thunder dieron
vuelta al marcador y sacaron una gran ventaja. Los Pacers no pudieron remontar.
Uno de sus mejores jugadores, Tyrese Haliburton, se lesionó gravemente a los
pocos minutos de haber iniciado el primer cuarto. ¡Una lástima! Al menos, para
mí, que deseaba que ganaran los de Indiana.
Finalmente Oklahoma City Thunder
ganó el partido y se tituló campeón. Me entristecí por el revés. Recuerdo perfectamente
cuando, en el 2000, los de Indianápolis, sucumbieron en la finalísima ante a
Los Ángeles Lakers, en seis desafíos. Ahora, perdían de nuevo pero, ante un
rival distinto.
Apagué el televisor y me acosté. Mañana,
sería un nuevo día.








































