domingo, 27 de agosto de 2023

Torneo Norcenca de Scrabble 2023. ¡Por fin llegó mi Panamá! (3)

 Por Iván Ottenwalder

Es viernes 14 de julio y me he levantado a las 5:00 am, bastante temprano. Luego de un duchazo tibio y refrescante me visto y cepillo la dentadura. Pocos minutos después salgo con mi mochila a la espalda sin olvidar la funda de chocolatines que he de repartir a los jugadores del torneo a manera de obsequio. Tomo el elevador y desciendo a la planta baja, directo al restaurante. Eran poquito más de las seis de la mañana y el desayuno bufé ya está listo para ser servido. Escojo tostadas, mermelada de fresa y huevos revueltos. También leche caliente, cereal y zumo de fruit punch.

Tomo asiento junto a unos colombianos y costarricenses. Platicamos mientras ingerimos nuestros alimentos. El restaurante poco a poco se iba llenando de gente, de turistas hospedados en el hotel y, entre estos, los participantes del Norcenca de scrabble. Al terminar el desayuno tomamos el ascensor y nos dirigimos rumbo al último piso, al área de azotea donde estaba situado el salón de juego.

Proceso de inscripción

A medida que llegábamos al salón donde se efectuarían las grandes batallas de las palabras cruzadas, hicimos cola ante un personal de recepción que verificaría en un listado nuestros nombres para después entregarnos los carnets de acreditación al certamen. Cada participante debió pagar la suma de 80 dólares por derecho a participación en la justa.

Los trofeos en disputa en el torneo.
Poco después de las nueve de la mañana arrancó la inauguración formal del torneo en palabras del presidente de la Asociación Panameña de Scrabble Rubén Falconett quien dio el mensaje de bienvenida. También habló el presidente de la Federación Internacional de Léxico en Español (FILE) el profesor Alejandro Terenzani (venezolano) agradeciendo la participación de los representantes de distintas naciones, incluyendo la de este servidor.

Posteriormente dos damas de la sociedad panameña escenificaron un pasillo, una danza histórica y folclórica de la cultura de Panamá.


Ya solo quedaba empezar. Y así se hizo, con el inicio de una partida de duplicada a dos bolsas completas. Para ser exacto, se trataba del torneo de duplicada, el cual tuvo una gran acogida.

Cómo me fue

Al fondo una dama danzando un pasillo en el acto inaugural.
Durante las primeras rondas iba realizando un buen papel, acertando buenas jugadas; luego me desplomé con los desaciertos. No logré recuperar el empuje inicial y terminé en una decepción. Apenas se trataba de la primera bolsa, pero en mi subconsciente sabía lo mal que me había ido.

La mesa técnica nos dio 20 minutos de receso para descansar y tomar el refrigerio que ya estaba servido afuera del salón.

¿Por cierto y qué pasó con los chocolatines que tenía en la mochila? No me descuidé. Había repartido unos cuantos entre algunos participantes de la primera bolsa de la duplicada. Ya para la segunda, les repartiría a los otros.

Terminado el receso regresamos al salón de juego para la disputa de la segunda y última bolsa del torneo de duplicadas. En esta segunda fase me fue mucho mejor. Tuve mayor estabilidad en los aciertos y me equivoqué menos. Ya era cuestión de esperar al día siguiente cuando la mesa técnica computara y diera a conocer los resultados de cada jugador en ambas bolsas.


Ya el reloj marcaba más de la una de la tarde. Los participantes del torneo nos marchamos al restaurante para la comida.

Una vez terminé mi almuerzo me dirigí al dormitorio a descansar un rato. A las cuatro de la tarde, deberíamos estar todos de nuevo en el salón para el inicio del torneo en la modalidad clásica.

Llegó la hora

Poco después de las cuatro de la tarde arrancó el torneo clásico del Norcenca. Los pareos para la primera ronda fueron definidos por un sistema aleatorio computarizado y divulgados a través de una pantalla digital. A mí me tocó como rival la señora Estela Barsallo (oriunda de Panamá). Pude vencerle, pero no me fue tan fácil en un principio donde ella llegó a comandar hasta poco después de la mitad del match. Un cambio estratégico y oportuno que me deparó mejores letras para mi atril, fue el punto de inflexión de la partida. Pude colocar un NORTEASE de 77 tantos, en una zona de triple tanto de palabras válido para tomar ventaja 375 – 327 y afianzarme en la cima hasta el final del desafío. Terminé ganando 476 – 375. Era mi primera victoria en el torneo.

Tras veinte minutos de receso, en el que degustamos un refrigerio (café, agua, té y bocadillos) retornamos a la sala para la segunda ronda. Me tocó como oponente otra dama, la señora Aglaía Constantín (colombiana).

En mi vida como competidor de scrabble jamás había ganado una partida de forma tan anómala y extraña como esta. Lo acontecido es digno de ser narrado. Antes del inicio del match mi rival y yo acordamos que [para el tiempo de juego, 30 minutos por jugador en cuenta regresiva] utilizaríamos la aplicación del cronómetro de mi celular mientras que, para la consulta de palabras en protesta la aplicación de su verificador de palabras correctas o incorrectas (lexicón) de su celular.

En cuatro ocasiones de la partida yo objeté sus jugadas. Le protesté un ASOTANAS y su verificador de palabras (lexicón) le dijo que era inválida. En otra le objeté GRUYE y también le marcó error. Llegué a objetarle otra que ahora no recuerdo y pasó lo mismo y, por último, ya en la recta final de la partida, le protesté ZAQUE y también su lexicón dijo inválida. Doña Aglaía, contrariada por la situación, llamó a un monitor para que verificara en la aplicación de este. El verificador de vocablos del monitor marcó la palabra correcta. El problema había sido el lexicón de la colombiana, que estaba dañado. Lamentablemente las otras jugadas injustamente invalidadas por el lexicón de mi rival, tuvieron que quedarse así, pues ella lo había aceptado. La partida siguió su curso. Acordamos entonces que, para cuando surgiera otra protesta, llamaríamos a un monitor para consultar la validez o no del vocablo en cuestión.

Ya en el tramo final, no quedando nada en el bolso de fichas y hallándome en desventaja (387 – 394), realicé mi última jugada: PIADO, de 9 tantos, con el que dio término al desafío. Sumé dos puntos del atril de mi oponente y triunfé por marcador de 398 – 392.

Para la tercera ronda, última del día 14, me enfrenté al colombiano Beto Mora. Tras un inicio algo tímido (un cambio de fichas y una jugada de 22 tantos) me devino una racha ofensiva al bonificar en tres de cuatro turnos (CORSARIO de 70, CEJARÍA de 80 y CHARLAIS de 76 posterior a un EX de 50). Me vi muy arriba, con pizarra de 298-174 y, aunque mi rival trataba por acercase, yo lo mantenía a raya. Le derroté con anotación de 441-396.

Al terminar la jornada me dirigí a mi habitación para darme un buen duchazo. Reflexioné en mi dormitorio sobre aquel golpe de suerte recibido en la partida frente a la colombiana Aglaía Constantín. No sé si en la historia del scrabble mundial – en cualquier idioma - se ha producido una partida tan bizarra como la que disputé y gané, quizás de carambola frente a la dama colombiana. Lo cierto era que había ganado en mis primeras tres partidas y mañana, sábado 15 de julio, sería otro día en el que seguramente enfrentaría a rivales más difíciles.

En el restaurante La Fonda

Foto grupal en el el restaurante La Fonda.
Una vez aseado y vestido con un atuendo formal salí de la habitación. Me encaminé hacia el área de recepción del hotel. Allí esperaría unos minutos hasta que Verónica, una de las organizadoras del torneo, tocó el claxon y me llamó. También a los costarricenses Rolando Guevara y a Enrique Villalobos y al guatemalteco Emmanuel Gely. Abordamos su pequeño Suzuki Swift color azul en ruta hacia La Fonda, un restaurante típico panameño estilo campesino, algo parecido, haciendo un símil al restaurante El Conuco, en Santo Domingo (República Dominicana). En La Fonda los meseros visten atuendo alusivo a la zona rural y las comidas del menú son puros platos con sabor al campo. Todo sabroso, exquisitez absoluta.


Allá nos encontramos con otros jugadores del Norcenca que habían llegado en otros vehículos. Un mesero, nos ubicó en una gran mesa y tomamos asientos. En un ratito ordenamos las bebidas mientras disfrutábamos de la música colocada por un disc jockey. Un par de bailarinas con atuendos folclóricos danzaron para todos los comensales. Después llegaron los platitos de entrada (carimañolas, chorizos de puerco, tortillas de maíz frita, yuquitas frita, patacones, chicharrones, entre otras delicias). Más tarde ordenamos nuestras comidas, mejor dicho, nuestras cenas. Pedí un pescado escovitch bañado en escabeche que estuvo sabrosísimo.

Mensaje cristiano en el restaurant La Fonda. 
Una vez cenados nos tomamos una foto al lado de la cabina de un antiguo camión que servía de decoración y cantina-bar del restorán. Después bailamos música latina, entre algunas piezas merengue (que es la que mejor me funcionaba), salsa, cumbia y son cubano. Aquel momentito era para no olvidar, un bálsamo para la diversión y la buena camaradería.

Platiqué un poco con Francisco Javier Guerrero, jugador mexicano quien sería mi rival el sábado por la mañana en la ronda cuarta del torneo de palabras cruzadas. Le recordé a modo de chanza la partida que le había ganado en una de las rondas en el mundial de Asunción 2017. “Mañana me tocará a mí, será mi desquite, ya lo verás” me dijo en tono alegre mientras ingería cerveza.


Poco después de las doce de la noche nos marchamos. Los costarricenses así como el guatemalteco y yo nos regresamos al hotel en el coche de Verónica la misma con la que habíamos llegado al restaurante. Los demás también retornaron en los vehículos que los habían traído.

Una vez en el Hampton By Hilton me dirigí a mi habitación y preparé para dormir. El sábado 15 sería una nueva jornada donde se disputarían seis rondas. El récord momentáneo de 3 -0 me era muy halagüeño. Es cierto pero la dura jornada del sábado sería mi gran prueba de fuego para demostrar cuán listo o no podría ser ante rivales, seguramente más complicados y de mejor nivel.

Continuará…