domingo, 5 de noviembre de 2017

XXI Mundial de Scrabble en Español Asunción 2017 ¡Sueño cumplido! (cap. 1)

Fui de los primeros en anunciar por los foros de Facebook alusivos al Mundial que mi participación sería totalmente segura. Aunque no estuviese clasificado para la competición, aceptaría el reto de pasar por la prueba de repechaje, es decir, el Torneo Extraordinario, en el cual unos pocos se clasifican y la inmensa mayoría se queda fuera. Con tal de ganarme mi boleto para competir en el clásico mundial individual, donde se debaten los mejores jugadores del mundo, sería capaz de todo. Por mi mente circulaban ideas locas y atrevidas.

Por Iván Ottenwalder

A los pocos días de haber iniciado el año 2017 había tomado la gran decisión, aquella pendiente desde hacía varios años, aquella que, a mi juicio, ya no podía esperar más; aquella con la cual soñaba despierto todos los días, mañana, tarde y noche. Aquella decisión tenía un nombre: competir alguna vez en el mundial de scrabble en español.

Fue una decisión temprana, muy prematura, pues el mundial estaba previsto a efectuarse para el mes de octubre y apenas corría enero. Me estaba volviendo loco y soñador.



Carta de invitación.
Fui de los primeros en anunciar por los foros de Facebook alusivos al Mundial que mi participación sería totalmente segura. Aunque no estuviese clasificado para la competición, aceptaría el reto de pasar por la prueba de repechaje, es decir, el Torneo Extraordinario, en el cual unos pocos se clasifican y la inmensa mayoría se queda fuera. Con tal de ganarme mi boleto para competir en el clásico mundial individual, donde se debaten los mejores jugadores del mundo, sería capaz de todo. Por mi mente circulaban ideas locas y atrevidas.

Recuerdo cuando el año pasado un gran amigo muy vinculado a las lides escrableras me estuvo explicando de que “el extra clasificatorio en Paraguay será difícil al haber mucho jugador argentino”. A mí en verdad me importaba tres pepinos de donde fuesen los jugadores oponentes. Estaba dispuesto a echar el reto y no iba a desandar.

Mi fervor se mantuvo inalterable varios meses, incluso, desestimé la posibilidad de volar a La Habana en abril para competir en el Internacional Cuba Scrabble, torneo que ya conocía y en el que participé en la Semana Santa de 2015.

Todo el entusiasmo iba muy bien hasta finales de mayo, cuando la salud se me tornó vulnerable una vez más. Junio, julio y agosto fueron meses terribles en los que tuve que lidiar con una insoportable faringitis que me tuvo al perder la cabeza. Una infección de encía se hacía también recurrente y mi odontóloga no tuvo más remedio que extraer la penúltima pieza dental de mi zona bucal superior derecha. Para inicios de septiembre también perdí la última muela, la del juicio, debido a que estaba muy deteriorada y porque la encía que la cubría estaba jodidamente fea e hiper inflamada. Por todos esos contratiempos más toda la plata que tuve que gastar en medicinas en aquellos meses llegué a desanimarme con la idea del viaje a Paraguay y a aceptar como fracasado mi sueño.

El sueño volvió a renacer

Asombrosamente, con la pérdida de esas dos muelas, la molestia faríngea empezó a ceder. El dolor y la inflamación ahora se centraba exclusivamente en toda el área de la encía de la parte superior derecha, específicamente, donde estaba el último molar ¿O es que acaso el problema siempre estuvo ahí? ¿Tanto tiempo para destaparse? Sea como sea no descuidé el asunto y decidí visitar otra clínica dental, pues no vi empeño en los médicos de Amerident en resolverlo. Para no darle larga al tema, mi caso se trataba de un problema buco-maxilar, que debía ser tratado por algún/a cirujano/a maxilo-facial.

Para mediados de septiembre, ya con el tiempo en contra, me animé nuevamente con lo del viaje a Asunción. El mundial de scrabble era una oportunidad tan soñada y que no quería dejar escapar. Comencé con los preparativos, pero para mi mala fortuna descubrí que ya en el hotel sede del evento, El Gran Paraná, no quedaban habitaciones sencillas disponibles. Me pasó por la cabeza compartir alguna doble si es que aparecía alguien dispuesto. No apareció, entonces tomé la decisión de hospedarme en otro lugar. Gracias a uno de los organizadores del mundial encontré una opción a pocos minutos de distancia del hotel sede. Se trataba del hostal Hamaca Paraguaya, situado en la calle Hernandarias casi esquina Ygatimi, en Asunción.

Me vi en la urgencia de tomar un préstamo con una entidad bancaria, pues los 100 mil pesos en ahorros que tuve disponible en mayo los había utilizado para saldar deudas pendientes, sobre todo para limpiar una tarjeta de crédito con la que había incurrido en enormes gastos medicinales desde el año 2016. El déficit era espantoso y decidí de cuajo ponerle fin.

Hostal La Hamaca Paraguaya, donde estuve hospedado.
Ya con las deudas liquidadas solicité el préstamo, primero en un banco de reconocido prestigio internacional. Éste me lo negó. Entonces me dirigí a otro, uno que no es mi favorito y que anteriormente me había rechazado varias solicitudes de préstamos. Increíblemente fue ése el que me otorgó el crédito. Lo tomé para pagar en cinco años, un largo tiempo, pero conveniente a mi disponibilidad de pago. Al fin de cuentas logré lo que andaba buscando. Ya los últimos pasos por dar eran la solicitud de visa en la embajada paraguaya, la compra del boleto aéreo, de dólares para la estadía, el pago de la reservación en el hostal y, la adquisición de un seguro de salud internacional, pues, quiérase o no, este viaje lo haría en condiciones de riesgos. Para ser honesto, tuve que irme medicado con antibióticos debido a mi problema buco-maxilar detectado en la clínica Salud Bucal.

Todos los trámites de viaje fueron resueltos satisfactoriamente y el sábado 7 de octubre abordé un avión de la línea aérea Copa con destino a Panamá. En el aeropuerto de Tocumen, en Panamá, tomé otra aeronave rumbo a Asunción. Fue una travesía larguísima. Salí de Santo Domingo a las 12:50 p.m. y llegué a Panamá como a las 3 de la tarde. A las 3:40 p.m. abordé otro avión de Copa Airlines y aterricé en Asunción a las 11:40 de la noche. ¡Uf, cuántas horas de vuelo!

Durante el trayecto Panamá-Asunción me las pasé leyendo un periódico, oyendo música y viendo una película interesantísima.

En la salida del aeropuerto Silvio Pettirossi, de Asunción, no me recibió ningún taxista como estaba planeado, sino el mismo presidente de la Asociación Cultural y Deportiva Scrabble Paraguay, Carlos Romero. Me esperó con un cartelón en manos alusivo al Mundial 2017. Después de un fuerte abrazo nos dirigimos hacia el aparcamiento donde estaba localizado su auto. Me ayudó a entrar el equipaje en la maletera, nos subimos al vehículo y tomamos rumbo hacia la ciudad. Durante el trayecto conversamos bastante. Me enteré de muchas cosas, entre ellas que el próximo mundial, el de 2018, no sería efectuado en los Estados Unidos, sino en México; que Santiago Rosales, amigo que deseaba conocer personalmente, y otros competidores, no hicieron el viaje por diversas razones; que otros participantes llegarían al día siguiente, etc. En el recorrido nocturno por Asunción, pues eran más de las doce de la madrugada, Romero me mostró la Bahía de Asunción y toda el área conocida como La Costanera; también el Palacio de los López (Casa de Gobierno) y otros edificios históricos asuncenos. Me mostró parte del centro de la ciudad y el Gran Hotel Paraná, situado en la calle 25 de Mayo esquina Caballero. “Cuando tomes el autobús en Hernandarias todas las mañanas le dirás al chófer que te dejé en la calle Cerro Corá equina Caballero. Caminas la Caballero un poco al sur y ahí verás el hotel donde se jugará el mundial”, me explicó.
Aeropuerto Internacional Silvio Pettirossi.

Finalmente, casi a las 2 a.m., ya del domingo 8 de octubre, me depositó en La Hamaca Paraguaya. Nos despedimos hasta vernos de nuevo a las 8 o 9 de la mañana en el Hotel Paraná.

Al entrar con mi maleta al hostal una joven recepcionista preguntó por mi nombre. Le dije que era Iván Ottenwalder. Ella buscó en la libreta de anotaciones y asintió: “sí, aquí está. Ya usted había pagado la mitad de la reserva. Solo debe cien dólares”. Pagué el monto pendiente y me encaminó a mi habitación. Era una pieza pequeña, limpia, con gavetero y aire acondicionado. La cama era tipo camarote, con la agravante de que la parte baja era un sofá y para dormir debía subir por una empinada escalerilla hasta llegar a un cómodo colchón. Una rutina a la que debí acostumbrarme durante la semana. La recepcionista también me entregó anotada la clave de wifi por si deseaba navegar por Internet.

El cuarto de baño estaba fuera del dormitorio y era compartido con varios huéspedes. La ducha disponía de agua fría y caliente.

En el pasillo que colindaba saliendo de mi habitación vi a un joven sentado frente a un computador. Pensé por un rato si se trataba de Airan Pérez, campeón mundial en 2013 y 2015, pero la duda me arropaba. Por eso no me atreví a saludarlo; él tampoco lo hizo. Yo tenía un cansancio terrible. Fui a tomar una ducha tibia y me regresé a dormir. Después de todas las horas de vuelo, no era para menos.

martes, 24 de octubre de 2017

Iván Ottenwalder en el XXI Mundial de Scrabble en Español, Asunción 2017. Galería de imágenes

...Y el sueño se hizo realidad.

 Por Iván Ottenwalder

Partida de práctica


Iván Ottenwalder (izq) y José González.
















Iván Ottenwalder en una partida amistosa.
























Fotos con demás jugadores


Norma Garza e Iván Ottenwalder


















Iván Ottenwalder, Carlos Espinosa y Laura Gil.
























Daniel Tunnard e Iván Ottenwalder.



















Iván Ottenwalder con jugadoras argentinas.



















Norma Garza e Iván Ottenwalder.
























 
Iván Ottenwalder y Alicia Acosta.




















Iván Ottenwalder y Alicia Acosta.






















Iván Ottenwalder y Claudia Amaral, campeona mundial de 2004.




















Iván Ottenwalder y Ulises Sal.




















Iván Ottenwalder y Juan Carlos Ayala, campeón de España en varias ocasiones.




















Iván Ottenwalder y Luis Picciochi, campeón mundial en 2010 y 2011.



















Iván Ottenwalder y Mariví Gil.



















Iván Ottenwalder y Johanna Ramones.



















Miguel Henares, Iván Ottenwalder y José María Riera.



















Miguel Henares, Iván Ottenwalder y José María Riera.





















Rocco Lagucci, ex-campeón mundial e Iván Ottenwalder.



















Víctor Fernández, Franklin Gamou e Iván Ottenwalder.
























Víctor Fernández, Franklin Gamou e Iván Ottenwalder.
























Horacio Moavro e Iván Ottenwalder
























Curso taller para jueces de scrabble.
Domingo 8 de octubre de 2017
 















Jugando en el Clásico Mundial


José Hernández e Iván Ottenwalder, antes de iniciar una partida.



















 Tomando mate


Iván Ottenwalder, tomando mate por la mañana.
























Por la ciudad de Asunción


Iván Ottenwalder, de noche en Asunción.















Iván Ottenwalder.

























Probando un helado.

























Iván Ottenwalder y Lelis Gómez.
























Fotos con el grupo del mundial




















Fotos cena de clausura


Diana Willigs, Laura Gil  e Iván Ottenwalder.
























Ana Mondrus, Enrique Villalobos e Iván Ottenwalder.



















Norma Garza e Iván Ottenwalder





















Iván Ottenwalder y Luz María Galindo.



















Iván Ottenwalder, detrás de la mesa de dulces y el pastel.




















Iván Ottenwalder y Daniel Araque.



















Iván Ottenwalder (de pie), Laura Gil (izq) y Diana Willigs.



















Iván Ottenwalder, al centro, con su diploma de participación en el Clásico Mundial.



















Iván Ottenwalder y Carlos Romero.



















Iván Ottenwalder y Carlos Romero.

























Más de Iván Ottenwalder con diploma























viernes, 20 de octubre de 2017

Amigdalectomía en tiempos de huelga (parte 20)

En esta historia, que ha degenerado en cruel pesadilla, los grandes ganadores han sido los médicos, especialmente los otorrinolaringólogos, y la industria farmacéutica, por cierto. El gran perdedor, Iván Ottenwalder, que lo han mantenido drogado por casi dos años, que ha gastado un montón de plata en los mismos medicamentos de siempre, que sólo mitigan muy poca cosa el problema, pero nunca lo curan en su totalidad. Iván Ottenwalder, quien escribe, ha sido el gran derrotado, porque se ha endeudado de forma espantosa con su tarjeta de crédito, sobre todo el año pasado y principios de este, comprando un reguero de antibióticos, antiinflamatorios, aerosoles nasales y antialérgicos que no han curado de raíz este asunto abominable.


Por Iván Ottenwalder

El miércoles 18 de octubre me personé en Salud Bucal. Cuando me acerqué a la ventanilla un tipo, haciendo las veces de recepcionista, me pidió el seguro médico y la cédula. Luego tomé asiento hasta que me llamara. Treinta minutos más tarde me llamó para darme  mi número de espera y pasar al consultorio. Esperé bastante tiempo. Pero lo más incómodo de todo fueron las veces que tuve que salir para afuera a moquear y estornudar de manera descontrolada. Era una pesadilla interminable, igual a la que he vivido desde hace año y medio.

Imagen genérica de los senos paranasales
Una vez llegado mi turno pasé al pequeño cubículo de la cirujana maxilo-facial. Luego de saludarme me preguntó cómo me había ido en mi viaje. Le dije que me había divertido mucho pero que las secreciones nasales, estornudos, jalones en la encía o seno maxilar, y sabor amargo del agua, continuaron igual de peor. “¿Pero el antibiótico no le funcionó?”, me preguntó. “Me aguantó por unos pocos días pero de noche volvían de nuevo los síntomas ésos”, le respondí. Me explicó que quizás con un buen tratamiento se solucionaba y le conté acerca de todos los tratamientos, de todas las medicinas que he venido tragando desde hacía un año y 10 meses y que ya quería soluciones definitivas y no seguir así como estaba. Mencioné el tema del montón de dinero que he gastado desde febrero de 2016 hasta el presente. Aunque no le conté sobre las veces que mi tarjeta de crédito se sobregiró por culpa del exceso en gastos medicinales. ¿Todo para qué? Para que los malestares nunca desaparecieran. La galeno me explicó que la sinusitis no se curaba de raíz, que solo se controlaba, y a eso le dije que la mía era diaria, que al menos en el pasado me pillaban episodios de sinusitis leves que luego desaparecían por mucho tiempo. Ahora ya no era así.

Finalmente la especialista, que desconozco si es una de las mejores o no en su área, me checó la zona de la encía donde antes estuvo la muela del juicio. La palpó y observó. Luego expresó su veredicto: “Mire, le voy a realizar el procedimiento quirúrgico, pero antes quiero que se haga una tomografía de senos paranasales y se tome unos medicamentos que le voy a prescribir por diez días. El lunes por la tarde voy a estar en la sucursal de Salud Bucal de la avenida Núñez de Cáceres a partir de las dos. He notado que está muy congestionado y ni siquiera puede hablar bien. Le voy a drenar el maxilar derecho, pero quiero ver como están los demás senos nasales para que el diagnóstico sea más exacto”.

Tras su dictamen le pregunté: “Con esto se acabará la pesadilla y the end? ¿No tendré que verle las caras a los otorrinos por mucho tiempo?” Ella volvió a reiterar aquello de que la sinusitis no se curaba de raíz, que solo se controlaba, que había que convivir con ello. Yo también defendía mi punto de vista de que no quería vivir así como estaba el resto de mis días, de que tanto tiempo ya estaba bueno y no quería seguir drogado hasta la eternidad.

Al final nos despedimos con un adiós y me retiré del consultorio. Fui a caja a que me sellaran la receta y la indicación del estudio. Terminado todo salí por la puerta y me fui.

Llegado a casa me atraparon unos temblores de fiebre, una congestión peor y el dolor maxilar o de encía, o lo que fuese. Me tiré en mi cama con todo y ropa y me cubrí con la sábana. No podía conciliar el sueño. Al rato me despertaba y daba vueltas por la sala. Luego me puse a ver el partido de béisbol entre los Toros del Este y las Águilas Cibaeñas que mi padre estaba mirando en la tele. Me tendí en un sofá y al rato quedé dormido. Al despertar, aunque el juego no se había acabado, me fui a la cama y ya pude dormir tranquilo hasta las 3:30 de la madrugada, cuando me desperté a orinar. No volví a dormir hasta las 4:20 a.m. debido a la secreción verdosa, amarillenta y líquida que expulsaba a cada instante. La zona aquella de la encía me dolía y por momento me producía picor. Cuando volví a dormir lo hice por casi dos horas.

Durante los últimos días he tenido problemas respiratorios. Cuando agarró el inhalador de asma y me doy par de atomizaciones todo sigue igual. Aparentemente el problema no es asma, sino ahogamiento, ya sea por exceso de moco o saliva.

Día de la tomografía

El jueves 19 de mayo telefoneé a un centro de imágenes muy famoso de Santo Domingo. Pregunté si en una de las sucursales cercanas realizaban tomografía de senos paranasales y me respondieron afirmativamente. Planifiqué mi cita para las 9 de la mañana. Antes me tomé mi desayuno, apenas un vaso de leche descremada, pues no tenía ganas de comer debido a la sensación de ahogamiento cuando tragaba. Me atrevo a decir que es por culpa de la saliva, la flema y la congestión.

A las nueve de la mañana llegué al centro de imágenes de estudios especiales. El tipo de seguridad me ayudó a tomar un número y esperé a que me llamaran, lo que sucedió 30 minutos después. Una recepcionista me pidió carnet de seguro, cédula e indicación médica. Me senté a esperar hasta que me llamaran nuevamente. Me sentía débil y sin fuerza. En pocas palabras, sin energía. Y así en ese tipo de condiciones me he desplazado a todo los lugares. A veces he tenido síntomas de desmayo, como que voy a caer redondo al suelo. Nadie de mi familia se ha ofrecido en lo más mínimo a acompañarme o dame un aventón en vehículo hasta los lugares donde debo dirigirme. No me importa expresarlo a la clara; cuando ha sido todo lo contrario, también lo he publicado por este blog.

Cuando me volvieron a llamar fue del área de caja, para pagar. Una vez saldada la cuenta la cajera me indicó que pasara al cubículo de tomografía. Entré por un largo pasillo hasta llegar al destino final. Un hombre fornido y de tez morena me saludó y preguntó sobre el porqué del estudio. Le dije que una cirujana maxilo-facial me lo había prescrito debido a  mi congestión severa e interminable y por una aparente obstrucción en el seno maxilar derecho. También le mostré la tomografía que me practicaron en noviembre del año pasado, la cual arrojaba una desviación del tabique hacia la derecha, hipertrofia de cornete medio y seno esfenoidal repleto de flema. El experto en tomografías, que desconozco si es muy eficiente o no, me indicó recostarme en la camilla del tomógrafo y retirarme las gafas. Luego de varios minutos encendió el aparato y estuve tranquilo durante el lapso de tiempo que duró el estudio. Acabado el proceso me apeé de la camilla y tomé mis lentes. Me despedí del señor y abandoné el cuarto. Caminé a lo largo del pasillo hasta salir a la calle. Mañana viernes 20, entre 5 a 6 de la tarde, y en el mismo lugar, debo retirar el estudio.

En esta historia, que ha degenerado en cruel pesadilla, los grandes ganadores han sido los médicos, especialmente los otorrinolaringólogos, y la industria farmacéutica, por cierto. El gran perdedor, Iván Ottenwalder, que lo han mantenido drogado por casi dos años, que ha gastado un montón de plata en los mismos medicamentos de siempre, que sólo mitigan muy poca cosa el problema, pero nunca lo curan en su totalidad. Iván Ottenwalder, quien escribe, ha sido el gran derrotado, porque se ha endeudado de forma espantosa con su tarjeta de crédito, sobre todo el año pasado y principios de este, comprando un reguero de antibióticos, antiinflamatorios, aerosoles nasales y antialérgicos que no han curado de raíz este asunto abominable.

Continuará...