martes, 27 de octubre de 2009

Toros del Este Campeones 1994-95

Por Iván Ottenwalder
Yo estuve en el Francisco Micheli la noche del lunes 30 de enero, 1995. Los Azucareros del Este se titularon campeones por primera vez al disponer de las Águilas Cibaeñas con score de 2-0. El playoff final lo ganaron los Toros en seis partidos. Recuerdo el último out cuando el campocorto Esteban Beltré tiró a la inicial y el inicialista Julián Yan, MVP de la serie, al atrapar el disparo levantó los brazos en señal de triunfo y así fue corriendo hacia la zona del montículo donde jugadores y fanáticos se lanzaron a celebrar. En ese partido estuvo además presente el ingeniero Carlos Morales Troncoso, quien hizo la entrega del trofeo a los campeones.
El triunfo de los Toros en esa final ha sido una de las páginas más hermosa del béisbol dominicano.
Los campeones posando para una foto.
































Carlos Morales Troncoso, actual canciller de la República, entregando el trofeo a los
campeones Toros del Este.



















Dirigente campeón Art Howe bañado en cerveza.















El que ganó gozó, y esa vez le correpondió a los Azucareros.
































Julián Yan, Jugador Más Valioso de aquella final, sostiene el trofeo.



















El espíritu ganador de los Toros del Este fue un proceso que se venía gestando desde la temporada 1990-91 hasta que halló su momento climax en la campaña 1994-95.

FUENTES: Periódicos El Nacional y Última Hora, enero de 1995.

Estrellas Orientales y Toros del Este


Una historia llena de emociones y grandes vivencias

La región Este es una porción del territorio nacional con sabor a béisbol. Fue en la región de la caña donde todo nació, donde todo empezó. Los tripulantes del vapor María Herrera (embarcación cubana) con tan solo jugar un partido de béisbol, digamos por pura diversión, bastó para que una comarca, como San Pedro de Macorís, se enamora fervientemente de este deporte que antes no conocían.

Ese hecho, ocurrido en los alrededores de la playa de Pita, el 25 de septiembre de 1886, fue el germen materno del béisbol en la República Dominicana y toda la región oriental del país.

La historia quedó sellada desde aquel día que el deporte del bate, la pelota y las bases hizo su presencia en San Pedro de Macorís. El saldo, hasta hoy, una pléyade de peloteros estelares que ha producido la región y que se han destacado en las Grandes Ligas. Asímismo, dos equipos de mucho coraje y una amplísima historia en la pelota invernal dominicana, así como grandes academias de béisbol, posiblemente las más completas del país.
Estrellas Orientales, primero de la región
Los antecedentes de las Estrellas Orientales hay que buscarlos en 1910 cuando se fundó un conjunto en la Sultana del Este llamado Macorís. Así como suena, Macorís fue el primer equipo beisbolero que vio la región Este del país.
El motivo por el cual se creó este conjunto fue, porque en Santo Domingo, desde 1907 ya jugaban tres equipos de béisbol: el Nuevo Club, Ozama y los Tigres del Licey. Los petromacorisanos no quisieron quedarse atrás y por eso decidieron fundar su conjunto, de gran calidad y que pudiera enfrentar en igualdad de condiciones a los capitalinos.
John Abbes, Lorenzo Bobea, Pedro Correa, Raúl Carbuccia, Manuel Jiménez, Pompillo Santana, Miguel Ángel Risco, Emilio Guerrero, José Antonio González, Lico Mallén y Miguel Zaglul conformaron el primer elenco de jugadores de aquel team oriental.
En aquellos tiempos, los jugadores de los equipos de Santo Domingo tenían que hacer el viaje en barco (vapor) hasta San Pedro para medirse al Macorís. Era una época donde no existían los autobuses ni tampoco una carretera que comunicara a la Capital con la provincia del Este, por eso la única vía factible era la marítima.
Todavía en la segunda década del siglo XX, a partir de 1923 cuando nacen las Estrellas Orientales, los viajes de los equipos de una a otra provincia continuaban realizándose por barco.
En esos tiempos no existían los estadios Quisqueya (de Santo Domingo) ni Tetelo Vargas (San Pedro de Macorís), los juegos se efectuaban en el Hipódromo La Primavera, para el caso de la Capital, y en un rústico parque cercado con alambres de púas y mallas de gallinero en Macorís.
Ya para el decenio de los 30, esto es de 1931 a 1940, la situación había mejorado en las dos urbes beisboleras: en San Pedro se pasó a jugar en un hipódromo que fue acondicionado para el béisbol (donde hoy está el barrio de Restauración) y en el caso de Santo Domingo en los terrenos del Gimnasio Escolar, habilitados para la práctica del béisbol.
El nombre de Estrellas Orientales devino de la mentalidad del mismo pueblo de San Pedro de Macorís, es decir, de su gente. Ellos entendían que dada la estelaridad de sus peloteros estos debían ser catalogados como “Estrellas”. Por tal razón surgió el nombre de Estrellas Orientales.
Durante toda esta etapa amateur del béisbol, conocida como la pelota romántica, vinieron refuerzos de otras ligas como la cubana y las negras de los Estados Unidos. Estos amerizaban por el hidropuerto de San Pedro, que era el único puerto aéreo en el país en aquellos tiempos.
Fue en esa vieja etapa beisbolera que las Estrellas de Macorís del Mar ganaron su primer campeonato de béisbol, la copa Julia Molina (año 1936). La ofensiva verde (en alusión al color del uniforme de las Estrellas) fue atroz y los capitalinos Licey y Escogido más la representación de Santiago no pudieron hacer gran cosa contra aquel trabuco petromacorisano.
Esa fue la primera vivencia triunfalista de las Estrellas Orientales en el ámbito beisbolero.
Según versiones de algunos cronistas de la época, para 1937, y en condiciones manipuladas, los Dragones de Ciudad Trujillo (unificación de los equipos Licey y Escogido) vencieron a las Estrellas en el torneo de ese año. Los relatores cuentan que Petán Trujillo, hermano del dictador Rafael Leónidas Trujillo, se valió de artimañas antiéticas y antideportivas al no permitir que los importados contratados por las Estrellas Orientales jugaran en ese club.
Un grupo de peloteros importados, contratados por las Estrellas, amerizaron en el hidropuerto y allí mismo fueron secuestrados por la tiranía trujillista, llevados a la Capital por la fuerza y obligados a jugar para los Dragones.

Receso de 14 años 

El béisbol dominicano recesó por 14 años, hasta 1951, cuando surgió la era moderna. Todavía en aquel entones los partidos se efectuaban en horarios matutinos – vespertinos.
Desde 1886 hasta 1955 los partidos se jugaban a plena luz del sol. En caso de que un partido se prolongase hasta muy atardecer de modo que afectase la visibilidad de los jugadores, se suspendía y continuaba en una próxima fecha. Los enfrentamientos se jugaban los fines de semana, sábados y domingos.
La última etapa de los campeonatos jugados en verano (1954) cerró su telón con una corona para las Estrellas Orientales, al vencer a los Tigres del Licey en 5 partidos (4-1). El escenario de la corona fue el viejo hipódromo.
Pasaron 14 años para que los orientales volvieran a ganar otro título (temporada 1967-68) en el estadio Tetelo Vargas, que en un principio fue llamado Ranfis Trujillo.
El nombre de Tetelo Vargas fue en honor al versátil pelotero que contribuyó con los campeonatos ganados por las Estrellas en los años 1936 y 1954.
Público oriental arropa al JMV de la final 1967-68, Larry Dierker.
Después de aquella temporada 1967-68 el equipo de San Pedro de Macorís no ha vuelto a ganar otra corona, aunque vale decir que han estado bien cerca de conseguirla.
Un campeonato que estuvo a punto de ser alcanzado fue el de la campaña 1974-75 pero que no se ganó debido a que en el noveno partido, de esa final, el estelar lanzador, James Rodney Richard, de la organización de los Astros de Houston, fue bateado con facilidad por las Águilas Cibaeñas, que a la postre terminaron ganando dicho juego y el título en el estadio Tetelo Vargas con marcador de 8-3.
Otro momento en que estuvieron cerquita de levantar la copa fue en la estación de 1987-88 cuando, llegando a aventajar en la final a los Leones del Escogido, tres juegos a uno, no fueron capaces de ganar ese último juego que les faltaba y los Leones les arrebataron el título en uno de los rebases más espectaculares jamás visto en los torneos invernales del béisbol dominicano.
Aquel era un equipo prácticamente sin lagunas que muchos entendidos en la materia creían podía campeonar.
En el Round Robin de la temporada 1994-95 estuvieron a un centímetro de alcanzar el pase a la final pero perdieron sus últimos cuatro partidos del calendario. En esa temporada los Toros clasificaron en lugar de los Orientales y ganaron el campeonato, batiendo a las Águilas del Cibao.
En la campaña 1995-96 llegaron a tener un sólido equipo ofensivo y un pitcheo de relevo estable, pero corrieron nuevamente el infortunio: el bateo se les apagó en la serie final y sus pitchers abridores no pudieron detener a los bates  de las Águilas Cibaeñas quienes conquistaron el título en el mismo Telelo Vargas de los orientales. Los verdes solo ganaron un juego.
Cuatro años pasarían para que los paquidermos, como también se les denomina a las Estrellas, volvieran a una final. Después de recesar en la campaña 1998-99 por causa de que el Huracán George destruyó parcialmente el Tetelo Vargas, los orientales vinieron con nuevos bríos para el período 1999-2000 y jugando una buena pelota lograron su pase a la serie final para enfrentar a las Águilas del Cibao.
Las Águilas llegaron a tener la final a su favor tres juegos a uno, y cuando se esperaba que todo culminaría de forma fácil, los bates verdes empezaron a producir, ganando dos partidos seguidos y empatando la serie a tres juegos por bando. El séptimo juego tendría como escenario, no al estadio Tetelo Vargas, sino al Cibao de las Águilas en Santiago de los Caballeros. Esta era la oportunidad de las Estrellas para desquitarse todas las que las Águilas les habían hecho en el pasado, ganándoles tres campeonatos en San Pedro de Macorís.
Bien cerca estuvo de que sucediera. Las Estrellas, después de dos outs y en el noveno episodio, llegaron a empatar espectacularmente un juego ya casi perdido. Está bien fresco en la memoria de los estrellistas el triple conectado por el importado Desi Wilson que empujó a Adrián Beltré desde la primera base. Una gran delegación de fanáticos orientales que acudieron al estadio Cibao enardecía de entusiasmo. Las Estrellas tan solo empataron pero no pudieron virar el marcador. Las Águilas, en el cierre de la novena entrada y naturalmente jugando como homeclub, anotaron la carrerita que hacía falta y dejando al conjunto oriental en el terreno de juego, se coronaron campeones de la edición 1999-2000.

Equipo de 2001-2002 

Uno de los mejores conjuntos que han confeccionado las Estrellas durante su larga vida fue para la campaña 2001-2002. Se podría catalogar como un dream team a aquel conjunto verde de aquella temporada. Vladimir Guerrero, Julio Lugo, Alfonso Soriano, Félix José, Abraham Núñez y Pablo Ozuna en sus momentos de mejor cotización juntos el estelar lanzador Pedro Julio Astacio y el destacado Odalís Pérez eran miembros de aquel equipo de ensueño.
Llegaron al Round Robin, pero no a la final. El último día de las semifinales solo tenían que vencer a las Águilas Cibaeñas, que por cierto jugaron ese partido con jugadores de la banca debido a que ya estaban clasificadas. Para colmo las Estrellas perdieron de forma humillante, 8 vueltas a 3. Licey, que había ganado esa misma noche en La Romana, pasó a la serie final por apenas medio juego de ventaja sobre los elefantes.
¿Dónde perdieron las Estrellas ese juego en el que estaban supuestos a ganarlo y de paso llegar a la serie final?
En el Tetelo Vargas de San Pedro de Macorís, su propia casa.
En conclusiones se puede agregar que las Estrellas de Oriente no han sabido capitalizar situaciones favorables para ganar ese ansiado campeonato número tres de la era moderna del béisbol dominicano que tanto desean.
En la presente década, además de lo desaprovechado en el 2001-02 sufrieron la caída en el Round Robin del torneo 2004-05. Teniendo un buen conjunto ofensivo, no ganaron los juegos importantes de caras a llegar a la final. En la justa 2006-07 contaron con jugadores del calibre de Robinson Canó, Pablo Ozuna y el lanzador Dámaso Marte, todos Grandes Ligas. Tuvieron uno de los mejores pitcheos de relevo de la liga y una ventaja sobre los Toros del Este de ocho partidos en la recta final. Todo lucía indicar que las Estrellas se quedarían con el cuarto puesto clasificatorio y avanzarían a las eliminatorias.
La fatalidad los persiguió. Los Toros remontaron, creyeron en ellos mismos y al final ambos conjuntos quedaron empatados en la cuarta posición. Fue necesario un juego de desempate en el play de La Romana contra los elefantes. Los bovinos ganaron ese partido 4-2 y en una demostración de gran coraje y determinación dejaron a las Estrellas fuera de competencia. 
En el torneo 2007-08 clasificaron, y teniendo récord de 7 victorias y 3 reveses en la primera mitad del Round Robin, perdieron el resto de los partidos y no alcanzaron el boleto a la final.
Una temporada más está en juego para la zafra 2009-2010 y la esperanza nunca se pierde en Macorís. El año verde debe llegar, según creen los fanáticos de la Sultana del Este, y tienen razón, pero ¿cuándo?
Los Toros del Este, el gran acierto de la expansión
Los habitantes de la provincia La Romana, al igual que los de El Seibo, Hato Mayor y La Altagracia siempre han sido muy buenos fanáticos del béisbol, independientemente de que no tuvieran equipos representativos en sus comunes cabeceras.
Durante décadas se mantuvieron apoyando por lo regular al combinado de su región, las Estrellas Orientales. O si no, apoyaban a los Tigres del Licey o Leones del Escogido. En pocas palabras, las simpatías estuvieron dispersas durante mucho tiempo.
Los romanenses, ya para inicios de la década de los 80 del siglo XX, entendían que merecían tener un equipo local que compitiera en los torneos de béisbol dominicano. En ese sentido la gobernación de La Romana les dio todo su apoyo.
Las condiciones estaban sembradas para ello. La Romana contaba con el principal emporio azucarero del país que es el Central Romana Corporation, razones suficientes para apadrinar una franquicia beisbolera. Esta llevaría por nombre Azucareros del Este.
La Ley 411 aprobada en ambas cámaras legislativas del Congreso junto al decreto presidencial 1300, promulgado por el presidente de la república Salvador Jorge Blanco, fue una realidad y ya para la campaña 1983-84 los Toros del Este junto a los Caimanes del Sur (desaparecidos) hicieron su presencia en el béisbol invernal dominicano.
La noche del 20 de octubre de 1983 fue la fecha en que los Toros del Este jugaron su primer partido en su parque, el estadio Francisco Michelli, ante los Leones del Escogido. Más de 8 mil aficionados se dieron cita en aquel memorable juego. El gobernador provincial de La Romana, Jean Giraldi, tuvo a su cargo el discurso inaugural donde agradeció al mandatario Salvador Jorge Blanco por haber hecho posible que del sueño se pasase a la realidad.
Para fortuna de la gran afición romanense, que colmó aquella noche el estadio, los Toros ganaron ese partido con marcador de 10 vueltas a 3.
El primer presidente de los Azucareros fue el doctor Otto Goico y su relacionador público Christian Lugo.
Una temporada más tarde (1984-85) los Azucareros alcanzaron su primer pase a una serie final, al medirse a los Tigres del Licey.  El equipo capitalino venció al de La Romana en cinco partidos (4-1).
La temporada regular 1986-87 es recordada por la afición taurina como aquella en que los Toros ganaron su primera serie regular con récord de 27 victorias y 19 reveses, aunque posteriormente fueron eliminados en la semifinal o Round Robin.
La segunda ocasión en que los bovinos ganarían otra serie regular ocurriría en el torneo 1990-91, con marca de 26 – 22. En el Todos contra Todos fueron eliminados con suma facilidad por sus adversarios Leones, Tigres y Águilas. Apenas ganaron 5 partidos.
Repitieron la misma proeza al año siguiente (1991-92) con récord de 26-22 y aunque en el Round Robin se quedaron cortos, mejoraron significativamente al ganar 8 partidos.

Un 1992-93 espectacular 

La campaña 1992-93 fue espectacular y, al mismo tiempo, digna de reconocimiento para el conjunto de La Romana. Clasificaron en la cuarta posición de la vuelta regular al vencer dramáticamente a los Leones del Escogido en un decisivo choque por la definición de ese puesto. Luego, en el Round Robin, hicieron maravillas, sobre todo en la última etapa de ese playoff clasificatorio. La historia es digna para recordarla. Ya a leguas se sabía que las Águilas Cibaeñas iban a pasar a la serie final, empero, a los liceístas, confiados de que también llegarían, les sucedió lo que menos esperaban: El Licey estaba disputando la segunda posición y hubo un acontecimiento que les marcó negativamente, pero positivamente a los Toros. En un partido nocturno entre Tigres y Toros (en el estadio Quisqueya) en que los primeros estaban ganando 6 vueltas a 0, los romanenses vinieron paulatinamente de atrás y con un dramático jonrón del veterano Denio González, con el juego 3-6, empató el score 6-6. La afición liceísta no quería creer lo que estaba mirando, no entendía nada. El partido fue más dramático aún, pero traumático para los azules. En la novena entrada, con dos outs y las bases llenas (Tigres ganando 7-6), otro veterano, Domingo Michell conectó un hit corto al jardín derecho, empujador de dos vueltas, que viró el score 8-7 a favor de los Azucareros. En el cierre de ese noveno episodio el pitcheo de los Toros le hizo los tres outs a los bengaleses y se colocaron un juego por encima  de estos en la lucha por el segundo puesto.
No todo terminaba ahí, en la última fecha del calendario, los Tigres pudieron vencer a los Toros en la Capital y provocaron un empate a 10 victorias, lo que obligaba a jugar un choque decisivo para determinar quién pasaba a la serie final. Ese juego no sería jugado en Santo Domingo, sino en La Romana. Los ánimos de los fans de uno y otro bando estaban caldeados. Sucedió de nuevo el milagro, los Toros nuevamente lo consiguieron. Vencieron a Licey una vuelta por cero, con una magistral labor del lanzador José Ventura y el pitcheo de relevo taurino, quienes les blanquearon en nueve entradas. Todo fue un pandemoniun en La Romana luego del último al bateador de los Tigres, Silvestre Campusano, quien fue ponchado. Los Toros, en tan solo 9 años de existencia, habían conseguido llegar a otra serie final.
En la final ante las Águilas pactada a un 7-4 los Toros perdieron los primeros tres partidos, sin embargo, triunfaron en los juegos cuarto y quinto hasta que, finalmente, perdieron el campeonato en el Francisco Michelli el sábado 30 de enero de 1993.
En la posterior temporada (1993-94) los Azucareros volvieron al Round Robin y, aunque no llegaron a la final, le disputaron una gran batalla a los Tigres del Licey por el segundo puesto finalista.

Corona de 1994-95
 
Ya la suerte estaba echada y el esfuerzo a punto de lograr lo imposible. Desde 1990 los Toros venían forjando, en base a un núcleo de jugadores jóvenes de mucha valía, una mística ganadora. La cohesión, unidad y armonía fueron el buque insignia de ese progreso y el momento climax tendría que llegar, lo que en efecto sucedió en la estación 1994-95.
Es posible que mucha gente hoy crea que aquel título de los Toros, el 30 de enero de 1995, haya sido pura casualidad, un “chepazo” como se diría en lenguaje dominicano. No fue así, y yerran los que creen eso. Todo fue un esfuerzo mancomunado, cuyos protagonistas fueron gerencia, jugadores e integración de los fanáticos. Un proceso que iba a desencadenar en la excelencia. Y esí fue. Los Azucareros venían trabajando por la excelencia desde la campaña 1990-91. Nunca se desanimaron, ni se desacoplaron. No renunciaron a la armonía, a la cohesión. La mística triunfalista que se venía generando en los talentos de Andújar Cedeño, Domingo Cedeño, Julián Yan, Jovino Carvajal, José Ventura, Antonio Alfonseca más la entrega total de los importados Jerry Brooks, Todd Holandsworth y la sapiencia del dirigente Art Howe, fue el engranaje decisivo para que los Azucareros, que habían ganado la serie regular con marca 29-19, luego avanzaran al Round Robin y, posteriormente, a la serie final. En aquel memorable playoff finalista terminaron batiendo a las favoritas Águilas del Cibao, en seis partidos. 

La noche del 30 de enero de 1995 Antonio (El Pulpo) Alfonseca, junto al pitcheo de relevo, vencieron a las Águilas por blanqueada 2-0. La Romana, junto a gran parte de la hinchada de la región Este, festejaron ese campeonato por varios días.
Los Toros han sido el único equipo de expansión (ni siquiera los Gigantes del Cibao) que ha representado al país en una Serie del Caribe.

En la Serie del Caribe efectuada en San Juan, Puerto Rico, los Toros quedaron en la segunda posición, solo detrás de los Metros de San Juan, que se titularon campeones.
Dos años después (temporada 1996-97) los romanenses estuvieron a punto  de regresar a la final, pero, en un maratónico partido en La Romana, decisivo para avanzar, sucumbieron en 14 entradas ante los Leones del Escogido, 6-2.
El receso por dos años
El paso del ciclón George fue tan devastador en La Romana y San Pedro de Macorís. Tanto Toros del Este como Estrellas Orientales tuvieron que recesar durante la temporada beisbolera 1998-99. En el caso de los Toros fueron dos las temporadas que no jugaron, 1998-99 y 1999-00. 

¿Y por qué el equipo de La Romana tampoco jugó en la campaña 1999-2000 si lo del huracán George había sido en 1998?

La respuesta la tuvo el Central Romana Corporation, que decidió construirles casas a sus trabajadores (obreros) en lugar de reparar el estadio Francisco Michelli.
Un regreso de fracasos
Los Toros vinieron con nuevos bríos para los torneos 2000-01 y 2001-02, pero en los Round Robins de esos años  no fueron ni espejo de lo que habían sido en la década anterior. En la campaña 2002-03 lo más que pudieron hacer fue ganar 16 partidos, y quedaron en la última posición de la serie regular.
En la estación 2003-04 tuvieron récord de 26 -24 y clasificaron al Todos contra Todos. En éste solo ganaron un partido, y volvieron a ser la gran vergüenza, como en el 2001-02.
En los Round Robins del 2005-06 y 2006-07 no tuvieron mucho que mostrar.
La mística empieza de nuevo
Las cosas tomaron otros rumbos para el torneo 2008-09. Los Toros, que no fueron dados favoritos, alcanzaron la segunda posición de la serie regular con 28 victorias y 22 reveses. Solo los Gigantes del Cibao con marca de 30-20 estuvieron por encima de ellos. En el Round Robin ocurrió algo inusual desde hacía mucho tiempo: Las Águilas Cibaeñas jugaron de manera pésima, su peor récord en las eliminatorias (2-16) desde el surgimiento del formato Todos contra Todos en 1986-87.
Los Azucareros batallaron fuertemente en el Round Robin y, aunque fueron eliminados en un juego de desempate en San Francisco de Macorís por los Gigantes del Cibao, la demostración y empuje del conjunto romanense fue causa de reconocimiento por toda la prensa nacional.
En muchos aspectos los Toros fueron el mejor equipo de esa temporada. El dirigente del año recayó en Dean Treanor; el cerrador con más salvamentos fue el veterano Julio Mañón con 14; en pitcheo colectivo dominaron la liga con efectividad de 4.71; tuvieron el mérito de haber sido el único conjunto que ganó todos sus juegos de extrainnings en la serie regular y tuvieron los prospectos más sensacionales: Ricardo Nanita y Víctor Mercedes. También promovieron el mejor de los slogans de batallas: “Aquí to’ somos Toros, y el que no, que se mude”.
Hay que destacar que durante toda esa temporada el estadio Francisco Michelli fue el que promedió la mejor asistencia, con una media de 8 mil fans por partido. 

viernes, 8 de mayo de 2009

La tesis equivocada de Cuqui Córdova

Por Iván Ottenwalder

Empezaré estas líneas indicando que me unen lazos de amistad con el destacado colega de la crónica deportiva dominicana Cuqui Córdova. Sus méritos y amplios conocimientos en materia de béisbol, nacional e internacional, son incuestionables.

Pero justo es reconocer que nadie puede considerarse dueño de la verdad absoluta o imponer sus criterios por encima de toda lógica y razón.

El señor Cuqui Córdova desde hace varios años nos viene hablando de aquellos tiempos del béisbol romántico dominicano de los años 20 y 30 del siglo XX, así como de los títulos que, dentro de un escenario meramente capitalino, disputaron los Tigres del Licey y Leones del Escogido. Según él,  aquellas mini series de corta duración entre Tigres y Leones, dos ganadas por los primeros y una por los segundos, deben ser contabilizadas en el registro de campeonatos de la Liga Dominicana de Béisbol. En dado caso Licey tendría 22 coronas y el Escogido 15.

Córdova no miente cuando escribe en su columna Crónica de los Martes, del matutino Listín Diario, sobre aquellos mal llamados campeonatos de 1922, 1924 y 1929. Su error radica en lo siguiente: esos "torneos" no fueron nacionales, sino capitalinos. Además, el béisbol dominicano estaba en su etapa amateur, no profesional.

¿Y por qué aquellos torneos no deben ser considerados como nacionales?

Hay algo muy sencillo, y es que cuando nos referimos a torneos nacionales estamos abarcando conjuntos de distintas regiones, ya sean provincias o estados, no solamente de un solo pueblo o ciudad. Precisamente, eso fue lo que sucedió con aquellos campeonatos urbanos, valga decir,  disputados en una sola urbe, Santo Domingo de Guzmán. Los protagonistas, como bien se explicó, eran únicamente los Tigres y Leones.

Otro detalle a considerar es que dichos certámenes fueron de corta duración, por lo regular series pactadas a un 25-13, a un 27-14 o un 21-11. Para colmo aún no teníamos una liga profesional organizada como el mismo Cuqui señala en su “Crónica de los Martes” fechada del 8 de mayo del 2009. A continuación la cita.

“Los que argumentan que la Liga de Béisbol Profesional nació en 1955, es verdad, pero los campeonatos de verano de 1951 a 1954 fueron organizados por una Comisión Especial, igual que los anteriores a 1951”.

Cierto, fue una Comisión Especial que organizó los torneos jugados entre 1951 a 1954, pero al señor Córdova obviamente que se le siguen escapando detalles. Es desde 1951 en que el béisbol en la República Dominicana se viene jugando dentro del marco del profesionalismo, ya con cuatro equipos definidos: Águilas Cibaeñas, representando a Santiago de los Caballeros; Tigres del Licey y Leones del Escogido a Santo Domingo y Estrellas Orientales a San Pedro de Macorís. Aquellos años románticos de nuestro béisbol, digamos desde 1907 cuando nacen los Tigres del Licey, hasta 1937, la historia nunca ha dejado de reconocerlos. La mayoría de expertos coinciden que aquellos tiempos corresponden a una etapa maravillosa de nuestro béisbol, pero solamente como etapa amateur. Todo el mundo sabe que amateur y profesionalismo no es lo mismo.

Aquella fue una etapa tan vulnerable que no hubo un organismo rector con carácter (y capacidad) que pudiese realizar de manera ininterrumpida campeonatos nacionales. Primero estuvo el torneo capitalino de 1922 en que el Escogido venció a los Tigres (13-6), luego uno en 1923 en que accionaron 4 conjuntos: Licey, Escogido, una selección de Santiago y otra de San Pedro de Macorís. Este certamen fue paralizado por una bronca. Vino el torneo, también capitalino, de 1924, en que los Tigres vencieron a los Melenudos (14-13). Luego hubo cuatro años en que no se jugó pelota en la República Dominicana (de 1925 a 1928). El torneo de 1929, en que los Tigres ganaron la copa, fue cojo, porqué se jugó solo con tres equipos: Licey, Escogido y uno llamado Sandino. Los Tigres triunfaron en la final sobre los Leones (11-7).

Es el mismo Cuqui Córdova en su famosa columna quien explica “Los que indican que en la primera etapa hubo campeonatos entre solamente dos equipos es también verdad, pero qué tiene eso de malo, allí estaban los mejores players de esos tiempos, era cuando únicamente se jugaba en días domingos (mañana y tarde)”.

De malo no tiene nada amigo Córdova, como tampoco de profesionales aquellos torneos. Esos peloteros fueron los mejores de su tiempo en una época donde el béisbol dominicano no estaba debidamente organizado.

Tuvieron que pasar siete años para que se organizase otro campeonato, este sí de carácter nacional, jugado en 1936, donde vieron acción los Leones, Tigres, las Estrellas Orientales y una representación de Santiago (las Águilas surgieron un año más tarde). Las Estrellas Orientales fueron los campeones. Aunque ese certamen tuvo carácter de nacional, no fue organizado por una liga con estatutos jurídicos y legales; los de nuestra época moderna sí.

Aquella era del béisbol, aunque romántica y sin afán de lucro, fue caótica y desorganizada. Cabe mencionar que el torneo de 1937 fue manipulado cobardemente por la dictadura de Trujillo al fusionar a los dos conjuntos de la capital (Licey y Escogido) con el nombre de “Dragones de Ciudad Trujillo”. Todo aquello para buscar venganza contra las Estrellas Orientales, campeones de 1936.

Quiero que me responda el amigo Cuqui Córdova si dentro de los reglamentos de un béisbol organizado se ha visto alguna vez cosa más atroz que esa, de unir a dos conjuntos, contando además con el apoyo económico de un régimen para buscar venganza contra otro equipo.

Después de 1937 el béisbol recesó por un período de 13 años, hasta 1951, cuando empezó a jugarse como actividad económica y profesional organizada en los meses de verano. El último año de verano fue en 1954. Pero es preciso señalar que se hizo de forma continua y sin caos.

Córdova lleva razón al sostener que aquellos viejos torneos son parte de nuestra historia beisbolera. Claro que lo son, pero no debe olvidar mi estimado colega que la historia también puede ser dividida si así lo amerita. Y el béisbol dominicano amerita una división de su historia: vieja etapa (romántica, amateur y desorganizada) y nueva etapa (moderna, profesional y organizada).

Señor Córdoba, deje ya de estar diciéndole a la gente que Licey lleva 22 campeonatos, que solo usted puede sostener semejante absurdo. No quería llegar al extremo de responderle a un veterano de su categoría. Ni siquiera los Leones del Escogido están apelando a la corona capitalina del 1922; tampoco las Estrellas de Oriente están regateando el triunfo de 1936.

Reconsidere tal postura equivocada que lo único que hace es confundir a los amantes del deporte rey de nuestro pueblo, por el que nos deleitamos todos los dominicanos.

miércoles, 11 de febrero de 2009

El Escogido: lo que fue, lo que pudo ser pero lo que tristemente es


Por Iván Ottenwalder

Los equipos San Carlos, Los Muchachos y el Delco Light fueron rivales de los Tigres del Licey durante la segunda década del pasado siglo XX.

Licey, vocablo indígena y nombre de un río del Cibao, se le llama también al conjunto de béisbol nacido el 7 de noviembre de 1907, uno, si no el más, popular de todos los equipos beisboleros del país.

Llegó un momento que los equipos citados en el primer párrafo ya no podían o no hallaban la fórmula de vencer a los sensacionales Tigres del Licey. Esa fue la razón por la cual se unificaron en uno, creando entonces un equipo escogido de sus mejores peloteros. A ese nuevo club se le denominó Leones del Escogido. Escogido quiere decir para el tema que estamos tratando, que los mejores jugadores del San Carlos, Los Muchachos y el Delco Light fueron "escogidos" para enfrentar y ver si tenían la posibilidad de vencer a los dominantes Tigres del Licey. Fue un equipo escogido de lo mejor de lo mejor que les quedaba a aquellos fósiles del béisbol. Una idea genial y creativa, pues dio resultado y en efecto se logró lo deseado: vencer al Licey.

El nacimiento de los Leones del Escogido (Leones en honor al rey de la selva, el león) tuvo lugar en el poblado de San Carlos el 17 de febrero de 1921 y su uniforme rojo se inspiró en el que usaban los Medias Rojas de Boston de aquella época.

El Escogido vino a demostrar que el Licey no estaba solo y de inmediato dio síntomas de jugar buena pelota y demostró que se le podía vencer, cosa que lograron durante un torneo capitalino jugado en 1922, en el que solo participaron esos dos conjuntos.
El pelotero Mateo de la Rosa en medio del júbilo por la celebración dijo “El que gana es el que goza”. De modo que fue un escogidista quien popularizó esta frase que hoy en pleno siglo XXI todavía repetimos los dominicanos.

En el sentido lógico de la razón es a partir de ahí donde empieza la verdadera rivalidad del béisbol dominicano, con Leones y Tigres. Es a partir de ese torneo de 1922 donde en efecto nace la primera escuela del anti – liceísmo en la República Dominicana. El Escogido la introdujo.

El odio hacia los Tigres del Licey nace con los fanáticos escogidistas, no con los de la Águilas del Cibao, como mucha gente cree hoy.

En la década del 20 del siglo 20 fueron tres los torneos de corta duración entre Licey y Escogido: 1922, 1924 y 1929, ganando el Licey los dos últimos. Eran los años en que los eternos rivales medían fuerzas en el Hipódromo La Primavera, habilitado para jugar béisbol, con tal de agenciarse la mayoría de la fanaticada capitalina. Si se puede decir, esta etapa denominada como la del béisbol romántico, vino a ser la antesala de lo que surgiría luego a partir de 1951, cuando nace la era moderna de nuestra pelota.

El Escogido no solo fue el acérrimo adversario del Licey por excelencia, sino también el primer equipo en írsele arriba en campeonatos en un momento dado. Los Leones llegaron a verse por encima del Licey durante los años 60, 6 títulos contra 4. Fue la última vez que el Rey de la Selva tuvo de rodillas a las demás fieras del béisbol dominicano.

La sequía y el milagro del 81

Luego de 1969, última vez que el León fue mandamás en la casilla de campeonatos del béisbol dominicano, nació una dinastía que lo rezagó y hundió en un abismo espantoso, cuando el águila y el tigre le cerraron el camino por 11 años. En ese período los cibaeños se titularon 5 veces y los capitalinos azules (Licey) 6. La rivalidad de los eternos rivales Licey y Escogido empezaba a tambalearse, pues las Águilas estaban llenando un vacío dejado por los melenudos. Incluso el conjunto de Santiago llegó a írsele arriba en campeonatos a los escarlatas 8-6.

Después de aquella debacle los rojos tenían que buscar la manera como renacer. En la temporada 1980-81 las cosas desde principio empezaron a salirle bien a los Leones, hasta el punto de clasificarse de primero a la serie final. En aquella ocasión, donde solo había cuatro conjuntos, el equipo que ganaba la vuelta regular, o sea, quedaba en primer lugar, se clasificaba de inmediato a la gran final. Luego el que quedase en segundo puesto tenía que jugar un pequeño mini – playoff (5-3) contra el que terminaba en tercero. El ganador de esa semifinal conseguía el otro boleto a la final.

La final del 1981 tenía que ser de los rojos, eso decían y así lo pronosticaron los expertos de la época, pero no fue tan fácil para esa gran maquinaria escarlata hacerse del campeonato. Las Águilas Cibaeñas demostraron gran nivel y profesionalidad en el terreno de juego a tal punto que provocaron que la serie se fuese al máximo de 9 partidos. Aquella vez al igual que ahora, el formato de la final era de 9-5, esto es al que ganase primero cinco partidos.

Los Leones estuvieron cerca de perder en su propia casa del Estadio Juan Marichal (también conocido como Quisqueya) cuando las Águilas llegaron a estar delante en el score 1-0 a la altura del 7mo episodio. El Escogido supo empatar en el cierre de la octava entrada y luego ambos conjuntos se fueron al extra – inning.

En la entrada número 13 (cierre) el Escogido pudo decirle adiós al sufrimiento y a la mala racha cuando en conteo de 3 bolas sin Strikes y las bases llenas el norteamericano Harry Spillman recibió la cuarta mala de un descontrolado Jerry Augustine que lanzaba por los cibaeños. Santo Domingo estuvo de fiestas por ese hecho apoteósico.

En la campaña 1981-82 los Leones nuevamente se coronarían campeones esta vez ante unas Estrellas Orientales que no le mostraron mucha resistencia. Los melenudos ganaron en 6 juegos. 5-1 quedó el playoff final.

Cinco años después, el jonrón de Bryant y los tres títulos al hilo

El Escogido logró empatar con las Águilas a 8 campeonatos; el Licey lideraba con 10.

Luego de esos dos años de júbilo escarlata (1981 y 1982) vendría una nueva sequía, esta de 5 años. En ese lapso los Tigres ganaron tres títulos de forma consecutiva y luego las Águilas dos en los certámenes 1986-87 y 1987-88.

Nuevos cambios ocurrieron a partir de la campaña 1983-84 cuando la expansión se convirtió en un hecho y los Azucareros del Este (también llamados Toros) y los Caimanes del Sur hicieron su aparición por primera vez en el escenario beisbolístico nacional. El formato clasificatorio también cambiaría, los primeros cuatro lugares del standing (tabla de posiciones) tendrían que medirse en dos semifinales pactadas al mejor de un 7-4, primero contra cuarto y segundo contra tercero. Los conjuntos que terminasen en 5ta y 6ta posición quedaban descartados o como se dice en el argot beisbolero, hasta un nuevo octubre.

Un milagro otra vez ocurría (torneo 1987-88), y unos Leones renovados con un núcleo de jóvenes talentosos que estuvieron bien cerca de quedar eliminados, remontaron dramáticamente ante los Toros del Este, que parecía se quedarían con el cuarto puesto clasificatorio. Los Azucareros del Este no supieron como ganarle a las Águilas en Santiago de los Caballeros durante la serie regular, provocando que esto le pasara factura al final. Pero sin quitar méritos hay que reconocer que ese “coming from behind” (remontada), de los melenudos, fue espectacular, nunca bajaron la guardia, y consiguieron lo que muchos creían sería imposible, la clasificación.

Los Leones, ya clasificados, harían su aparición por primera vez en el nuevo formato de playoff de semifondo, llamado Round Robin. Esa modalidad se había iniciado en la estación 1986-87, temporada de mucha tristeza para los aficionados escogidistas, ya que su conjunto no llegó a las eliminatorias ese año.

Las Águilas y Tigres fueron dados como favoritos para llegar a la serie final. Los pronósticos fallaron, Águilas y Tigres se quedaron fuera, siendo los Leones del Escogido y las sensacionales Estrellas Orientales de esa temporada quienes lograron sus boletos a la ronda final.

En una final pactada a 7-4 (ya habían desaparecido los 9-5 del formato anterior) las Estrellas de San Pedro de Macorís y los Leones del Escogido saldrían al ruedo a debatirse la corona de campeones.

Los melenudos empezaron mal y rápidamente los verdes llegaron a tomar la delantera al colocar la serie 3-1, cerca de ganar el campeonato. En San Pedro de Macorís se olía a victoria y solo algo inaudito podía evitar que las Estrellas perdieran esa serie. Para desgracia de la afición verde, una de las más fieles del béisbol, lo inaudito ocurrió, y los Leones lograron remontar espectacularmente provocando un séptimo juego de desempate, que sería jugado en Santo Domingo, en el play del Ensanche La Fe, de mucho malestar y sufrimiento para el equipo de las Estrellas Orientales.

El séptimo partido fue de mucho nerviosismo y escalofrío. En la primeras entradas Leones y Elefantes se cayeron a palos. En la cuarta y el Escogido debajo 2-3 en el marcador, el importado Ralph Bryant, que disparó 13 jonrones en la campaña 1986-87, y que según los aficionados ya no era el mismo debido a su bajo rendimiento ofensivo en la estación 1987-88, pegó cuadrangular por encima de la verja del jardín derecho con dos corredores en posición de anotar que viró el marcador 5-3 a favor de los escarlatas. Los orientales no se rindieron y siempre se mantuvieron amenazantes colocando hombres en posición anotadora, pero con infortunios, ya que los envalentonados Leones se las arreglaban para sacarles el cero, gracias a una eficiente labor de relevo del pitcher Bill Brennan. Una carrerita más en la octava entrada agregaron los dirigidos por el capataz Phil Reagan, y esto fue suficiente para sepultar las aspiraciones del equipo serie 23.

La hinchada escogidista festejó en grande, el barrio de San Carlos, escogidista por tradición, no durmió esa noche debido a la algarabía por el triunfo rojo.

En los posteriores torneos, 1988-89 y 1989-90 el Escogido conseguía alzarse con la victoria, convirtiéndose en el primer equipo dominicano, cosa que se mantiene hasta hoy, que logra ganar 3 títulos consecutivos en par de ocasiones. La primera vez lo habían hecho en los campeonatos 1955-56, 1956-57 y 1957-58.

Con esa hazaña el Escogido conseguía su corona número 11 y se acercaban a 2 del Licey, que tenía 13.

Cuando los Leones ganaron por última vez fue en la estación 1991-92 venciendo a las Estrellas Orientales por barrida de 4-0. Recuerdo que ese último partido se jugó en San Pedro de Macorís y lo escuché en un viejo radio de mi casa. ¿Por qué no lo vi por televisión? Sencillo, las Estrellas Orientales no tenían cadena de transmisión por tele para esa época.

Otra sequía… ¿o un infierno?

No importa donde usted crea esté el infierno, o si no cree en éste como tal. Lo cierto es que los fanáticos escogidistas tienen razones sobradas para pensar que el infierno existe y esto tiene su explicación en lo siguiente: La agonía de las derrotas que ha padecido el conjunto escarlata en los últimos 17 años.

¿Negligencia? No creo que la haya habido, sobre todo en la gestión administrativa de Daniel Aquino Méndez, quien hizo todo lo posible por devolverle la alegría a los fanáticos rojos. No se puede negar que en la campaña 1996-97 estuvieron en la final, así como en 1998-99, 2000-01 y 2002-03, y no fueron capaces de alcanzar un cetro. ¿Que las Águilas y el Licey eran demasiado buenos y aún mantienen una gran dinastía? Si, las Águilas y el Licey son buenos, pero no menos cierto es que en las finales 1998-99 ante el Licey y la del 2000-01 frente a las Águilas, en ambas el Escogido salió como el amplio favorito para ganar. ¿Por qué fallaron? En el primer caso (final 1998-99) los errores defensivos mataron al Escogido en el noveno juego de esa serie final ¹ lanzando Anthony Chávez en rol de cerrador. Y no es que Chávez lanzó mal, la mala defensa del equipo rojo unido a unos batazos mal conectados por los bates azules peero que se convirtieron en hits le estropearon el inning y finalmente el campeonato al León.

En la temporada 2000-01 los Leones jugaron un Round Robin de ensueño, estableciendo una marca récord en la historia de estos playoffs. Ganaron 14 partidos y solo perdieron 4. Toda la crónica deportiva nacional creyó el Escogido tenía las herramientas suficientes para batir a las aguerridas Águilas Cibaeñas. Pero no lo consiguieron. Llegaron a verse delante en la serie, 2-1, para no volver a ganar un partido más. José Lima, lanzador que en aquel entonces era de los melenudos, y que se pasó la temporada completa venciendo a las Águilas, se desplomó o la fatalidad lo persiguió. Un lunes por la tarde Lima fue bateado por las Aguilas quienes se titularon campeones en el Estadio Cibao al triunfar 4-1.

El pitcheo rojo tuvo problemas en Santiago, aunque no en la Capital; pero las Águilas fueron más listas y se las arreglaron ganando un partido en Santo Domingo que a la postre fue determinante en el playoff final.

Dos años más tarde, temporada 2002-03, los Leones consiguieron clasificar a la serie final, esta vez no de favoritos pero al menos con un buen equipo para dar la pelea. Fueron barridos en cuatro partidos y, definitivamente, no hallaron la fórmula de vencer a las Águilas.

Ya todo lo que resta por decir, es el fin de una triste historia. El Escogido sólo pudo ir al Round Robin de la campaña 2005-06 y todo para hacer las de ridículos. El Licey, que se burló de ellos prácticamente en todo el playoff semifinal, le resultó demasiado grande…y no digamos de las Águilas, que los usaron como monas de traqueo ².

Tres temporadas al hilo llevan sin clasificar a las semifinales. En la campaña 2006-07 quedaron la sexta y última posición, y en las estaciones 2007-08 y 2008-09 en el quinto puesto.

Aquel Escogido que fue líder en campeonatos nacionales, que luego perdió su trono pero que se levantó en los 80 para acercarse peligrosamente al Licey, estuvo llamado a ser en los 90 y principios del siglo XXI una escuadra ganadora que diese mucha agua de beber al resto de la liga. Se puede decir que fueron ocasionalmente competitivos pero les faltó ese extra, como llaman muchos, para dar el zarpazo o golpe letal a sus adversarios. Se puede decir que las Águilas nueva vez han ocupado un vacío dejado por los escarlatas, aunque la debacle roja en este nuevo milenio inteligentemente ha sido aprovechada también por los llamados Gloriosos Tigres del Licey. Sin nada que esconder hay que señalar que el Escogido tristemente ha sido el gran perdedor de las dos últimas décadas.

Fuentes:
Tony Piña C., Los Grandes Finales
Héctor J. Cruz, Béisbol Invernal Dominicano, anuario Temp. 2004-05, 4to año

¹ La serie final de la estación 1998-99 fue pactada al mejor de un 9-5. Esto así debido a que en aquella campaña solo accionaron 4 conjuntos en lugar de 6. Esto se debió a que las Estrellas Orientales y los Azucareros del Este, ambos conjuntos de la región Este del país, no pudieron participar en aquel certamen ya que sus estadios quedaron destruidos a raíz de los estragos provocados por el Huracán Georges en septiembre del 1998. Las finales 9-5 habían sido descontinuadas desde la campaña 1983-84, pero en ese año de 1998 se hizo un caso especial en el sentido de que la temporada sería más corta entonces había que aprovechar el calendario.

² Se le dice mona de traqueo a aquellos gallos inútiles, que no dan más para pelear, que son utilizados en las galleras para que los demás los picoteen como forma de calentamiento. En un lenguaje dominicano esto quiere decir, para que aguante golpes de otros. Empleando el lenguaje coloquial nuestro es como decir, el Escogido cogió funda tanto de las Águilas como del Licey.