sábado, 3 de mayo de 2014

Estrellas Orientales y su último campeonato. Al final nadie recordará la historia



En San Pedro de Macorís son menos los que tienen memoria de la última corona de las Estrellas Orientales. Muchos han muerto.


Por Iván Ottenwalder

Hace 46 años que las Estrellas Orientales, equipo de San Pedro de Macorís, no gana un campeonato de béisbol otoño-invernal. Cuando lo consiguieron por última vez, la noche del 14 de febrero de 1968, los niños que tenían 8 años de edad ahora tienen 54, los que contaban con 10 hoy suman 56, los de 15 hoy son de 61, los de 20 tienen 66 y los de 30 o más cuentan en este momento, si es que hay algunos vivos, con 76 y más edad.

Estamos hablando de que en San Pedro, una provincia al día de hoy con algo más de 290 mil habitantes, el segmento poblacional y aficionado al béisbol que vivió y recuerda aquel momento que su equipo se tituló campeón, corresponde al grupo de personas mayores de 54 años.

Mery “la peleona”, petromacorisana que reside en Santo Domingo y dueña de una cafetería ubicada en un edificio de oficinas del Estado, recuerda la alegría vivida en Macorís la noche del campeonato. “Cuando las Estrellas ganaron yo era una niña chiquita y andaba con una rama de un árbol ondeándola mientras pasaban los vehículos tocando bocina. Así estaba mucha gente”, relató en enero del 2011 ante un grupo de clientes.

Como ella, que pueden atestiguar de aquella hazaña, aún quedan miles en su pueblo natal y en todo el país, pero también es cierto que otros numerosos miles hace tiempo fallecieron. De los que quedan vivos muchos fueron al Estadio Tetelo Vargas el 14 de febrero del 68 a presenciar ese memorable partido de campeonato; otros lo escucharon por radio.

Analicemos ahora la edad que tendrá toda esa gente viva y lúcida mayor de 54 años dentro de 30. El de 54 tendrá 84, el de 61 tendrá 91, el de 65 contará con 95 y el de 70 con 100. Tomando como premisa la esperanza real de vida de los dominicanos, que es de 72 a 73 años, casi seguro que todos esos testigos habrán perecidos.

En una ocasión escuché a un amigo decir que “ser estrellita era ser más que un fanático”. Nada lejos de la realidad. A pesar de las frustraciones de niños, adolescentes y adultos que no han visto nunca ganar a su equipo, y los más mayores, que pueden contar la historia del último cetro, todos ellos, aficionados al fin, se sienten felizmente orgullosos de ser estrellitas. Esa frustración y tristeza solo puede ser superada y convertida en felicidad si las Estrellas logran conquistar la añorada corona. Si el “año verde” deja de ser una fantasía y pasa a un hecho real. Eso evitaría que los hoy adolescentes, mayores de veinte, treinta y cuarenta años mañana se vayan de este mundo sin haber visto campeonar a su equipo.

La novena beisbolera de Macorís tiene dos derroteros: o ganan cuanto antes el campeonato o prolongan, indefinidamente, su agonía perdedora. En caso de ocurrir lo último, no quedará una estirpe viviente que recuerde la historia de aquel febrero del 1968.
 

jueves, 10 de abril de 2014

La palabra inconducta simplemente no existe



A pesar de eso los dominicanos la siguen empleando.


Por Iván Ottenwalder

Desde hace pocos años, quizás un lustro, la población dominicana, entre ellos periodistas, profesores, abogados, sociólogos, psicólogos, entre otros, vienen utilizando consistentemente el vocablo inconducta para referirse, especialmente, a las malas conductas de los ciudadanos.

Pasarse el semáforo en rojo, arrojar basura en las calles, irse a las trompadas con el prójimo o amenazarlo con una pistola por algo que bien pudo resolverse vía el diálogo, robar, matar, violar, festinar los dineros del Estado, no hacer la fila, todos esas malas acciones en la República Dominicana son llamadas inconductas.

Investigando y dando una mirada al Diccionario de la Real Academia Española (RAE) se puede apreciar que inconducta no es una palabra válida. La respuesta ofrecida por el diccionario principal de la lengua española cuando escribí en su buscador este término fue:

La palabra inconducta no está registrada en el Diccionario, según el RAE.

Confieso que no tengo el mínimo propósito de ridiculizar a una colectividad que, como la dominicana, ha sido mal orientada sobre este asunto. ¿Quién la mal orienta? Los mismos actores dominantes de siempre, los poderes fácticos y protagónicos que gobiernan esta nación. Ellos son los que nos han dicho toda la vida que es lo correcto y lo incorrecto, que es verdad y que es mentira, que se aprueba y que no. Son los entes poderosos del país y dominan la cultura, sistema educativo privado, medios de comunicación y la economía. Lamento decirles a estos poderes que, los incorrectos y equivocados han sido ellos.

En la República Dominicana del 2014 mucha gente sigue pronunciando guandul, cuando lo correcto es decir gandul; estrallar, cuando el verbo real es estrellar. Estos malos usos gramaticales pueden ser corregidas desde la escuela, si los maestros les enseñan a sus estudiantes a utilizar los términos correctos.

Para finalizar dejo este vínculo como constancia de mi búsqueda. Si les parece presionen este: http://lema.rae.es/drae/?val=inconducta.

martes, 8 de abril de 2014

Hora dominicana: la impuntualidad de la que todos somos víctimas



Por Iván Ottenwalder

Quiero llegar temprano a todos los sitios. Me lo impongo, pero la situación llega a un punto en que, mayoría aplastante, fiel a la tardanza, me desanima.

Lo medito nuevamente. Pienso que no hay razones para imitar la impuntualidad, a pesar de ser una cultura imperante y dominante de los dominicanos.
 
El encuentro puede tener fecha y hora, pero un ciudadano promedio piensa que todos, como dominicanos al fin, llegarán tarde a la actividad. ‘Eso es la siete de la noche, pero nadie va a estar ahí a esa hora; mejor llego una hora más tarde, que es cuando eso va empezar’, pensaría un dominicano común.

No sorprende que mi compatriota tenga razón: todos los dominicanos partimos de la premisa que los demás harán presencia tardía. La impuntualidad se ha impuesto entre nosotros y ya es un común denominador. Aún así, me sigo preguntando, si todo esto es correcto, si la tardanza puede hablar bien de mí, si ese mal hábito no sería capaz de pasarme factura en cualquier momento que menos lo espere. ¿Soy un tonto y ridículo si llego muy temprano? ¿Acaso la impuntualidad es una verdad absoluta y mayoría tiene la razón aún siendo esto una irresponsabilidad? ¿Tengo que llegar tarde como los demás para caer bien y no temprano para caer mal? ¿Vine a este mundo llamado República Dominicana sin más opciones que hacer lo mal hecho? ¿Es mi misión en la vida doblegármele a un stablishment social acostumbrado al desorden? Si es así entonces no sé cual es mi propósito en la vida.

Continúo rebelde, tratando de llegar lo más temprano posible, arribando de primero o entre los muy escasos primeros. En mi trabajo, la mayoría de veces, suelo llegar antes de la hora de apertura, en varias ocasiones más temprano de la cuenta. ¿Gano algo con esto? Daría la impresión de que no, de que en República Dominicana esto ni me suma ni resta. Cualquier ser humano llegaría a pensar que esta nación, declarada como Estado Fallido en la década pasada, seguirá igual por los siglos de los siglos, ‘porque este es el mejor país del mundo y aquí está Dios’, reza una frase popular de pueblo.

Admito que he resbalado muchas veces. ‘Tío, es que Santo Domingo daña a la gente’, recuerdo haberle comentado a mi tío Juan Omar en un estadio de béisbol, en Florida, en el verano de 1997, cuando éste me llamó la atención por no haber hecho la fila al pagar unos perritos calientes. Su repuesta, agradable y tierna, ‘yo lo sé, pero estamos en Estados Unidos y acá eso no se perdona. Debemos hacer un esfuerzo’.

Entiendo también que no todos en República Dominicana tenemos vehículos, que los taponamientos son insoportables, que la mayoría de hombres y mujeres, casados unos  y divorciados otros, tienen muchas responsabilidades en sus hogares y, por eso, se les dificulta ser puntuales. Cierto. ¿Pero acaso en otras sociedades no hay dificultades parecidas a las nuestras y la ciudadanía hace un esfuerzo por estar a tiempo?

Estoy seguro que en cada niño y niña dominicano (a) abunda alguna pizca de deseo en hacer los correcto. ¿Quién los daña? ¿Quién les parte la boca o manda a callar cuando quieren opinar para aportar alguna solución? ¿Los papás? ¿De quién aprenden las malas conductas? ¿Está afectando a nuestro niños (aunque yo no tengo ni uno) la ola de divorcios en estos tiempos? ¿Y qué decir de la corrupción dominicana en todos los aspectos? No es anormal que, con tantas desventajas, cortesía de nuestro entorno, los niños dominicanos alcancen la adolescencia y adultez con todos esos defectos característicos del país actual.

No tengo certeza si habrá alguna solución a corto o mediano plazo. Por el momento vivimos en una sociedad en la que, si no nos acostumbramos y somos partes del desorden, o nos vamos del país o viviremos frustrados por toda la eternidad, ‘porque este es el mejor país del mundo y aquí está Dios’, reza una frase popular de pueblo.

sábado, 5 de abril de 2014

República Dominicana y su imprudencia vehicular



Se pone de moda en el país conducir con las luces apagadas en horas de la noche.


Por Iván Ottenwalder

Lo que no se veía en la República Dominicana de la década de los 90, 80, 70 y anteriores, se puede apreciar ahora. Un mal que comenzó a reflejarse a principios del siglo XXI, y que no se le prestó la debida atención necesaria, con el pasar de los años se convirtió en un problema mayúsculo.

Quisiera conocer el porqué del problema, la razón por la cual esta mala conducta, cometida por una minoría, pero muy numerosa, va ganando terreno en nuestro país y pareciera como si se tratase de una moda que no incomoda ni provoca quejas sociales.

Todas las noches, a partir de la 7:30 en adelante, salgo a caminar por los alrededores de la Urbanización Real, sector donde resido, no siendo pocas las ocasiones que me percato de una gran cantidad de vehículos (autos y motores, sobre todo) transitando con las luces apagadas por las avenidas Rómulo Betancourt y Enriquillo. Cuando, saliendo de mi zona, decido subir un ratito a la 27 de Febrero, también noto el mismo caos.

Ahora me haré unas cuantas preguntas: ¿Acaso están muy caras las luces de autos y motores que sus conductores no tienen dinero para comprarlas cuando se les queman? ¿Es que son tan desmemoriados que se les olvida que de noche hay que encender las luces de sus vehículos? ¿Es, como dijo un patán al que abordé sobre el asunto, que los conductores lo hacen para ahorrar energía? Y, por último, la pregunta que no pretendía hacerme, pero no me queda de otra: ¿Es la policía dominicana tan incapaz de multar a esas personas expuestas a accidentes automovilísticos e incluso morir? No sé hasta cuando policía y justicia dominicana dejarán de ser tan infuncionales.

Existe la ley para sancionar ese tipo de caso, pero las autoridades de tránsito se hacen de la vista gorda, dejándolo pasar por alto. Eso sí, el día que un ciudadano, por H o X les caiga, ¡zas! ahí le caerá el peso de la “justicia severa” al civil infractor.

La población dominicana padece de una catarsis irritante y espantosa. La gente ha preferido “dejar eso así”, sonreírle a vida, dándose unos buenos tragos en el colmadón o el drink, varias veces a la semana; cuando no, irse de rumba a un elegante bar o botar unos pesitos en un casino. Todo eso, “porque no nos escuchan”, “nadie nos hace caso”, “a los gobiernos de este país le conviene que esto siga siendo una mierda y que la gente no piense”, “no vale la pena gastar saliva”, etc.

La gente que se expresa así, al menos tiene a su favor las redes sociales, los blogs y páginas webs para protestar. Desafortunadamente, las grandes mayorías no se están empoderando; afortunadamente, una minoría quiere dejarse sentir, manifestando sus puntos de vistas.

Si aprendemos a mejorar nuestras fallas, en la medida que sea posible y, al mismo tiempo, contribuir con propuestas para solucionar todas nuestras problemáticas sociales, ya tendríamos de hecho, parte de la batalla ganada.

Me llenó de orgullo cuando, a partir del 2010, la sociedad en general, junto a una prensa que la apoyó, consiguió poner de rodillas a la clase política dominicana y así, en 2013, el gobierno reciente, hiciera efectiva la inversión del 4% del Producto Interno Bruto (PIB) a la educación, cada año.

Entonces, ¿por qué no hacer lo mismo ahora? No estaría mal dejarnos sentir y exigir a  la policía que haga su trabajo y aplique las sanciones correctivas contra aquellos ciudadanos que conducen autos y motos con las luces delanteras o traseras apagadas.

Si protestamos algo quedará. Aunque sea la satisfacción de haber hecho el intento.

viernes, 4 de abril de 2014

Propongo el premio de periodismo Antonio María Pineda


Por Iván Ottenwalder

En el día de hoy, sábado 5 de abril del año 2014, se conmemora en toda la República Dominicana el Día Nacional del Periodista, un gran reconocimiento para todos los que somos profesionales de la comunicación social.

Fue un 5 de abril del 1821, en la ciudad de Santo Domingo, durante el gobierno de José Núñez de Cáceres, cuando el doctor Antonio María Pineda se convirtió en el primer director de un periódico dominicano, al fundar el Telégrafo Constitucional de Santo Domingo. Esa es la razón por la que cada 5 de abril los periodistas dominicanos celebramos en grande nuestro día.

Pineda fue el punto de partida del periodismo nacional. Después del Telégrafo Constitucional de Santo Domingo han llovido numerosas publicaciones periodísticas en el país durante los siglos XIX, XX y el actual XXI. Pero no tan solo han sido relevantes las publicaciones en sí, sino el papel jugado en cada época por valiosos profesionales de la pluma en defensa de los más sanos intereses de la República, a favor de la pluralidad y democracia informativa, quienes, en determinadas ocasiones, cuando no encarcelados o asesinados, pusieron sus vidas en peligro.

Otro punto luminoso del autor de este primer semanario, en el cual se abordaban ilusiones de progreso e ideales de derecho, en una era en la que los habitantes de la parte Este de la isla éramos colonia de España, fue la de apoyar la causa  independentista llevada a cabo por Núñez de Cáceres, quien, el 1 de diciembre de 1821 declaró la independencia del Estado de Haití Español.

A Pineda le tocó jugar el rol de Comisionado Especial en la Gran Colombia, en diciembre de ese 1821, con la encomienda de gestionar, a través de Simón Bolívar, la adhesión del naciente Haití Español como estado miembro a la Confederación de la Gran Colombia, proyecto continental del libertador venezolano.

La misión de Pineda fracasó, pero no por su culpa, sino porque Simón Bolívar no lo quiso recibir. Varios historiadores dominicanos argumentan que, dada la negativa, este corresponsal ni siquiera hizo el viaje a Venezuela.

José Luis Sáez, escritor, en una biografía sobre Antonio María Pineda, publicada en 1997, relata que Bolívar supo bien lo que ocurría en ambos lados de la isla y, por esa razón, optó por no entrevistarse con Pineda. El resultado de todo esto: el advenimiento de la ocupación haitiana, el 9 de febrero de 1822, a la cabeza del gobernante Jean Pierre Boyer. Dicha ocupación duraría 22 años, hasta la madrugada del 27 de febrero de 1844, con el grito de independencia de la República Dominicana.

El 22 de agosto de 1973 el Ayuntamiento de Santo Domingo designó a una calle del sector Los Minas con el nombre Dr. Antonio María Pineda.

En mi sana convicción considero que esta designación no es suficiente para un profesional de tanta prestancia como la que dedicó Antonio María Pineda. Él merece algo mejor. Sugiero, en honor a su memoria histórica, la creación del Premio Periodístico Antonio María Pineda, premiación cuya función será, la de galardonar los trabajos de investigación periodística más valiosos de cada año.

Aunque no haya sido el mejor periodista nuestro y, posiblemente, tampoco lo encontremos en una lista de los más brillantes, Pineda tuvo la grandeza de ser el génesis del periodismo dominicano, el primero que se atrevió a tomar la decisión de fundar un periódico en el territorio que hoy llamamos República Dominicana.

Ya basta de tantas injusticias históricas.

martes, 25 de marzo de 2014

Internacional Cuba Scrabble 2014. ¿Y si yo hubiese ido?


Por Iván Ottenwalder



El domingo 23 de marzo, en la ciudad de La Habana, finalizó el Internacional Cuba Scrabble 2014, torneo que, desde sus inicios, en el año 2007, he soñado con asistir y que por diversas razones, de la A hasta la Z, no lo he hecho.



En el pasado certamen internacional de scrabble, disputado a quince rondas, la historia se volvió a repetir: Rolando Guadalupe se coronó campeón, al vencer a su compatriota Miguel Stevens en una final que se extendió al máximo de tres partidas. Así Guadalupe afianza su dinastía a cinco temporadas consecutivas ganando este torneo: 2010, 2011, 2012, 2013 y ahora 2014.



Rolando Guadalupe (derecha) se coronó campeón.
Antes de iniciar la jornada del sábado, con nueve rondas previamente jugadas, entre jueves y viernes, Enma Morris iba a la delantera en la tabla de posiciones, con Stevens pisándole los talones, Guadalupe en tercero y el mexicano Francisco Guerrero en cuarto lugar. Ese día Morris, quien ha sido finalista en otras ocasiones, no las trajo todas consigo, tuvo una mala actuación y, no solo perdió el primer puesto, sino que además, fue incapaz de atrapar el segundo, perdiendo de esta forma la posibilidad de llegar a la finalísima.



Aunque todavía no haya conseguido su sueño de abrazar el título en este magno evento, no todo fue una causa perdida para la Morris. Al menos tuvo el honor de llevarse el premio de Duplicadas, de manera convincente ante sus oponentes.



Morris es joven y excelente jugadora. Su horizonte es gigante.



¿Puedo ahora hablar de mí? ¿Cómo hubiese sido mi actuación en caso de haber competido en ese evento? ¿Qué creen? ¿Hubiese dado una buena pelea a esos genios que se las pasan jugando durante todo el año? ¿Hubiese sido suficiente mi repertorio de vocabulario para quedar entre los mejores diez? ¿Aguantaría la intensidad de tres días de puras rondas (15 en total)? ¿Cómo me hubiese manejado con el reloj si nunca he jugado así? ¿Soportaría la presión psicológica que meten algunos oponentes? Todas son preguntas interesantes que me las planteo y que de momento son producto de mi imaginación y sueño vehemente de competir en grandes torneos de scrabble ante jugadores de mucho nivel. Siendo honesto, en una guerra de cerebros, donde participaron 16 competidores y conociendo mi capacidad de promedio puntos por partida, considero me hubiese situado entre la novena y duodécima posición.



Pero las verdaderas respuestas las tendré cuando, a partir del 2015, vuele hacia La Habana a participar en el internacional cubano, o al mundial de Colombia u otro torneo de los que se realizan en diferentes naciones.



Luchar por un anhelo, trabajar por él.

domingo, 9 de marzo de 2014

Banquera por culpa de un embarazo


Albania Arnaud dejó la escuela hace dos años y ahora labora en una banca de lotería.


Por Iván Ottenwalder



A finales del 2011 Albania Arnaud cursaba el segundo de bachillerato en el Colegio Paz y Progreso. Su padre, quien la adoraba y veía muchas esperanzas en ella, le pagaba la colegiatura: alrededor de novecientos pesos mensuales. Esto ocurría cuando Albania contaba con 16 años de edad.



Como todas las chicas normales de su edad tenía novio. Una noche, durante una escapada con su pareja, se fueron hacer el amor. El resultado de aquella apasionante aventura: un embarazo. Aún así ella siguió asistiendo a clases hasta que, avanzado unos meses y la barriga creciendo, producto de la notable preñez, decidió parar. No le faltaba tanto para tomar los exámenes finales e intentar avanzar a tercero de bachillerato. Pero no fue así: dio a luz un niño varón, desertó y adiós colegio.



La colegiala se obsesionó con casarse y dejar la casa de su padre. De nada valió el hija, deja a ese tipo, suéltalo en banda, yo te sigo pagando los estudios. Esta es tu casa mi amor, quédate acá. Albania, no estaba dispuesta a transigir y era su decisión irse a vivir con su novio, un trabajador de colmado, a una casita en el kilómetro 8.5 de la avenida Independencia, un sector muy peligroso por los constantes asaltos que allí se producen. Se marchó y casó con el chico que amaba, pero esa decisión la llevó a otro estilo de vida: a trabajar en una banca de lotería, de lunes a domingo, en horario de diez de la mañana a nueve de la noche, además del rol de madre desempeñado a temprana edad.



Muchas, de las que hace tres años estudiaron con ella, terminaron la escuela; otras, están en la universidad. Albania, ahora con 19 años de edad, se ha estancado como cajera en la Banca Arboleda, situada en la Urbanización Real. Disfruta de su oficio, del cual gana ocho mil pesos mensuales que, sumado a lo que devenga su esposo (monto que prefirió no decir) lo dedican a la crianza del niño, pago del alquiler de casa (RD$3,500.00 mensuales) y gastos para compras del hogar.



Confiesa que hubiese elegido laborar como cajera de una tienda o supermercado pero, para ello, había que hacer un curso de caja, y era muy costoso, entonces, entró al mundo de la banca de lotería, oficio que no exige ese tipo de requisito.



Además de banquera en ocasiones juega sus numeritos, cuando creo que un número va a salir, aunque no de la manera enfermiza como los empedernidos que a diario apuestan. Es consciente de que en las apuestas se pierde más que lo que se gana. Explica: Cuando te vienes a sacar una buena cantidad de dinero, ya todo eso lo has perdido, por todas las veces que jugaste y no te sacaste.



Llega y se va a pie



Albania prefiere recorrer a pie el trayecto de su casa al trabajo, es decir, del kilómetro 8.5 de la Independencia hasta la Banca Arboleda, en la Urbanización Real, un sector de edificios y torres lujosas, situado entre las avenidas Enriquillo y Rómulo Betancourt.



Cuando dan las diez de la noche, hora de cerrar la banca, se va caminando hasta el destacamento policial del Mirador Sur, donde la espera su abuelo, que no tiene ningún rango militar, y la acompaña hasta su morada en el 8.5 de la Independencia. Ella se siente muy protegida a pesar de los peligros que les puede acarrear a ambos transitar a pie a esa hora nocturna. Nada de armas, totalmente desarmados, y a la buena de Dios, hacen el recorrido.



Sueña ser camarera o abogada



Entre sus ambiciones están la de ser camarera en un restaurante o estudiar para abogada, pero si quiere alcanzar lo último deberá regresar a la escuela, repetir el segundo de bachillerato y luego, si está a su alcance, acudir a la universidad. Es consciente de todo eso y reconoce: tengo que nivelarme económicamente para volver a la escuela y terminar el bachillerato. Aunque con la decisión de volver a estudiar tendría que dedicarle menos tiempo a la banca y, por consiguiente, ganar menos dinero, esto es, menos de los ocho mil mensuales que devenga en la actualidad.



Muchas Albanias que abandonan los estudios



En la República Dominicana la situación de numerosos embarazos, específicamente en jóvenes adolescentes, se ha convertido en materia de estudio y preocupación por parte de profesionales de la sociología, análisis de género e instituciones como: PROFAMILIA, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la Oficina Nacional de Estadística (ONE) entre otras.



Precisamente, un estudio realizado por UNICEF titulado “Análisis de la situación de la infancia y la adolescencia en República Dominicana 2012″ reveló que el 22.1% de las jóvenes en República Dominicana, entre 15 y 19 años, tiene al menos un hijo, lo que agudiza la situación de pobreza y limita el desarrollo del país.



Según esta investigación, elaborada con el apoyo del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo (MEPyD) y el Consejo Nacional de la Niñez (CONANI), el 33.2% de las adolescentes y mujeres jóvenes de las familias más pobres se habían embarazado antes de cumplir 20 años.



Por todo esto no es tan complejo deducir que Albania Arnaud no es más que una víctima de un sistema escolar que, hasta hace poco, se había negado a impartirles a las  adolescentes la materia de educación y orientación sexual, elemental para crearles a ellas plena consciencia sobre el sexo responsable y seguro. Hace mucho se hubiese enfrentado la problemática de los embarazos en adolescentes y reducido considerablemente el número  de deserciones por este motivo.

Albania Arnaud, personaje de esta historia, es real.