lunes, 21 de enero de 2019

Las palabras pueden encerrar una magia ...y hasta un presagio

Por Iván Ottenwalder 

A lo largo de la historia se ha discutido mucho sobre el poder oculto que puedan encerrar ciertas palabras, predicciones o aseveraciones. Para la metafísica esto no es descartable; para la ciencia metodológica, una pura casualidad. No importa si se cree o no, lo cierto es, que en pleno siglo XXI, el tema aún genera acaloradas discusiones y numerosos análisis.  

La ciencia moderna, aunque lo haya explicado casi todo, aún no ha sabido dar explicaciones concretas a una serie de fenómenos extraños que, para los estudiosos de las ciencias ocultas, tienen asidero en lo sobrenatural o paranormal.  

De los episodios que voy a relatar a continuación se puede pensar lo que sea. Se me puede considerar equivocado o bendecido por algún don desconocido y sin explicación lógica. Cualquier respuesta, a favor o en contra, la aceptaré sin ánimos de enojarme. 

Cambio de escuela en 1990 
Para el período escolar 1989-1990 estudiaba en el Centro de Educación Integral (CEDI). Tenía inscrito en ese colegio siete años consecutivos, desde finales de 1983. Allí había cursado desde el tercero de primaria al octavo de educación media. Pero fue precisamente para ese año lectivo 1989-90 en que volvieron a renacer mis ánimos de cambiarme de escuela, a una llamada Instituto San Juan Bautista de la Salle (ISAJUBA), un colegio de curas. Ese anhelo en verdad lo venía arrastrando desde 1983, pero con el pasar de los años me iba encariñando con el CEDI, institución académica en la que también estudió y se graduó de bachiller mi hermano Carlos.  

Para ser honesto mi rendimiento académico ya venía en picada para el 1989-90 y no me sentía conforme con la metodología de explicación de clases todos los días. Prefería algo distinto, hasta exámenes escritos si se quiere. A mi juicio tenía que reivindicarme y reinventarme como estudiante. Quería volver a ser lo que fui en años anteriores.  
 
Instituto San Juan Bautista de la Salle.
Tenía mucho tiempo escuchando comentarios de que la calidad de enseñanza y disciplina del ISAJUBA era demasiado buena y consideraba oportuno el momento de conversar con mi padre, quien siempre me pagaba la colegiatura.  

No fue fácil. En verdad mi progenitor no quería cambiarme de escuela y, para complicar las cosas, Carlos se puso también de su lado. Este último, buscando la manera de desmotivarme, me hablaba acerca de las cosas “horribles” del ISAJUBA: que el hermano Antonio, director de aquel colegio, era un cuco que metía mucho miedo y castigaba con severos castigos por cualquier quítame esta paja, castigos que incluían quedarse hasta las seis de la tarde realizando tareas y yendo los sábados por las mañanas en caso de faltas gravísimas. Me aconseja sobre el profesor Aceves, encargado de la disciplina de esa escuela, quien estaba respaldado por el sacerdote director para imponer los mencionados castigos. Me hablaba además del montón de tareas abusivas que los profesores les asignaban a los alumnos diariamente, las cuales les absorbían demasiadas horas de la tarde y noche. Sin embargo, a pesar de todas esas advertencias, yo mantenía mi cerrada posición de que quería estudiar en el ISAJUBA. “¿Dime quién te está lavando el cerebro?”, me preguntaba Carlos, a lo que siempre respondía, “nadie, es mi decisión”. Aunque en verdad había sido Carlitos, un amigo que vivía en la casa de al lado, quien me hablaba de las supuestas maravillas de su adorado colegio desde hacía varios años.  

Para ser sincero, los argumentos de Carlos parecían más razonables que los míos, que carecían de sustancia. Por lo regular siempre rallaba en lo mismo: que me quería regenerar como estudiante y que el ISAJUBA era un buen colegio. A estas respuestas nobles Carlos solía hacerlas trizas con otras del tipo “¡Pero regenérate en el CEDI!”, “el CEDI es tan bien un buen colegio”.  

Aunque sin argumentos sólidos, siempre me mantenía firme, cacareando todo el tiempo lo mismo. Y ya cuando mi padre había tomado su veredicto de que yo seguiría en el CEDI, aparecieron mi madre y doña Dignora, una profesora del ISAJUBA y que antes había sido mi maestra en el CEDI, haciendo las veces de mis abogadas defensoras. Al final, me impuse. Tomé los exámenes de nivel en el verano de 1990, los cuales a pura dificultad pude aprobar y, ya para septiembre de ese año, iniciaba el primero de bachillerato en el colegio de mis sueños.  

Allí en ISAJUBA estudié los cuatro años de bachillerato y me gradué. Como resultado, el tiempo efectivamente me demostró que la calidad de la enseñanza sí era mejor en ese colegio que en el CEDI. ¿Por qué? Porque allí aprendí realmente las reglas de acentuación de las palabras y mejoré mucho mi gramática, la cual era bastante pobre en la escuela anterior. Desarrollé, si se quiere, el temple necesario que debe tener un alumno para enfrentar la inmensa cantidad de pruebines diarios y exámenes escritos mensuales.  Aprendí a manejar la presión de los exámenes, a no tenerles miedo. Obvio, que estudiaba con cojones y me acostaba tardísimo casi todos los días
  
Lo de dejar atrás a los amigos del CEDI, fue lo que menos me preocupó; en el ISAJUBA había ganado otros. Quiérase o no, salí ganando a toda costa. De haberme quedado y terminado en el CEDI, tal vez mi gramática no hubiese alcanzado el nivel de desarrollo que alcanzó. Posiblemente, nunca hubiese aprendido a acentuar correctamente las palabras. Sorprendentemente, y aunque Carlos y mi padre al principio tuvieron mejores explicaciones que las mías, el tiempo, por un capricho o lo que fuese, terminó quitándoles la razón y otorgándomela a mí. 

Apuesta a favor de un partido minoritario
Días antes a las elecciones presidenciales del año 2004, un entrañable amigo, de nombre Alfredo, comentó, que un partido minoritario, aliado al PLD para las elecciones presidenciales del 2004, no obtendría más de 6 mil votos. Era la primavera de 2004 y en aquel entonces, residía en una pensión de alquiler en el barrio de San Carlos. Algo me decía que Alfredo estaba errando en su pronóstico, de modo que le reté con mi vaticinio. “Yo apuesto a que ese partidito sacará más de 20 mil votos en las presidenciales”, le aseguré. “Ven, vamo a apotá tre celveza de la grande, a que no, ¿tiene miedo?”, me emplazó el amigo. Acepté el reto y la apuesta quedó bajo palabras de personas honradas. 

Varias personas que me conocían se me acercaban para aconsejarme que no lo hiciera, de que por favor retirara esa apuesta, de que la perdería por seguro. Amén a todas esas preocupaciones de personas que me apreciaban decidí firmemente mantener mi posición. Inclusive, un viejo corrector de estilo que laboraba en Listín Diario en aquel año, también se me acercó para preguntarme, “Iván, ¿no hay manera de que usted pueda retirar esa apuesta? Mire, es que el pueblo está alineado en este momento a un solo partido, que es el PLD. Soy su amigo y no quiero que pase una vergüenza”, me sugirió.  “No don Élbido, no daré mi brazo a torcer. Mantengo la apuesta hasta el final”, le contesté con firmeza. 

Llegó la fecha de las elecciones. Luego el conteo de los sufragios, que duró como dos o tres días aproximadamente. El partidito de poca monta al cual aposté sacó finalmente 38 mil votos, 18 mil por encima de lo que yo había asegurado. La apuesta estaba ganada y Alfredo, como todo un caballero, justo reconocer, me pagó las tres cervezas grandes.  

Tema escrito para la revista Sólo Deportes 
Boston Red Sox.
Empezado el verano de 2004 el editor deportivo de la revista Sólo Deportes, Juan José Rodríguez, me instruyó escribir un tema sobre los maleficios en el béisbol de las Grandes Ligas, es decir, sobre los equipos beisboleros que llevaban largas décadas sin ganar una serie mundial y, que a juicio de los hinchas estadounidenses, era por culpa de maldiciones. Así se hablaba, por ejemplo, de la maldición del Bambino, para explicar los 86 años sin ganar de los Medias Rojas de Boston; los 87 de los Medias Blancas, a raíz de vender la serie mundial de 1919, y las 96 temporadas sin título de los Cubs de Chicago, achacada supuestamente a la maldición de la cabra.  

El tema me tardó como dos días de elaboración y salió publicado en el número mensual correspondiente. Asombrosamente, en ese 2004, los Medias Rojas se coronaron campeones mundiales y quebraron la supuesta maldición del Bambino; al año próximo, 2005, los Medias Blancas se alzaron con la serie mundial y rompieron otro maleficio. Mucho más tarde, en 2016, los Cubs de Chicago, que llevaban en ese entonces 108 años sin levantar el trofeo de banderitas, lograron finalmente campeonar.  

Vaticinio apasionado de un narrador 
En enero de 2007 se desarrollaba de forma normal el Round Robin clasificatorio de la temporada beisbolera otoño-invernal 2006-07. Los equipos que se jugaban la vida y la muerte en aquellas eliminatorias eran las favoritas Águilas Cibaeñas, los siempre aguerridos Tigres del Licey, los envalentonados Gigantes del Cibao y los subestimados Toros del Este.  

Como era de esperarse, según el pronóstico de la prensa nacional, la batalla final quedaría entre Águilas y Licey. Los Toros, efectivamente, hicieron tremendo papelón, ganando apenas uno de 18 partidos. 

Pero rebobinemos un poco la película. Cuando el Todos contra Todos apenas llevaba una semana y media de acción, estuve de visita en La Romana presenciando un partido entre los Toros y las Águilas, en el estadio Francisco Micheli. En verdad, fui en rol de trabajo a realizar algunas entrevistas, tanto a jugadores del equipo local como a los del conjunto visitante. También aproveché para entrevistar al narrador y comentarista de la cadena de transmisión de los Toros, el periodista Leonidas Henríquez.  

La entrevista con Henríquez fue bastante rica en información, inmensamente valiosa. Contenía información tan útil y oportuna que me sorprendí bastante cuando Listín Diario decidió ocultar gran parte de esta en una de las tiradas. Pero prefiero no entrar en detalles e irme al grano directamente, a lo relacionado con el pronóstico, quizás aventurero por parte del narrador. 

En un momento de la entrevista Leonidas me hablaba sobre el futuro, que a su juicio, tendrían los Toros del Este. Y basado en ese futuro me aseguraba categóricamente que los Toros serían campeones en un lapso de tres años, es decir, para la estación 2009-10.  

Los Toros ganaron la corona de campeones en la contienda 2010-11. Bastante cerca, ¿no? 
 
Hinchada taurina cuando los Toros campeonaron por última vez.
Pero lo increíble de todo esto fue lo siguiente: ya para ese entonces Leonidas Henríquez no era el narrador de los Toros, sino del equipo que perdió aquella serie final, las Estrellas Orientales. Tampoco los jugadores del team campeón eran los mismos a los de la estación 2006-07. Era un conjunto totalmente diferente, salvo dos o tres veteranos.  Pero fuese como fuese, y quizás, movido por las emociones de un momento dado, mi apreciado colega tuvo razón.  

Palabras apocalípticas durante la temporada de béisbol 2007-08 
Corría el mes de noviembre de 2007 lo más normal y los Tigres del Licey marchaban en la primera posición de la serie regular de la contienda 2007-08. Los hinchas liceístas ya se creían ganadores del campeonato cuando ni siquiera habían empezado los playoffs. De todos modos razones sobradas tenían para creer. Su escuadra estaba sólidamente compacta en ofensiva, defensa y pitcheo.  

Fui testigo presencial y auricular de ese aire de triunfo de los fanáticos azules a destiempo. En varias ocasiones personas del equipo capitalino a quienes conocía de hace años me aseguraban a ciegas de que su team lo ganaría todo, incluyendo la gran final. “Pero dime, ¿qué tú cree Iván? ¿Qué tú cree? Tú sabe que las Águila se han vuelto una mielda y tan jugando muy mal. ¿Eso no e veldá?”, trataban algunos de sacarme alguna que otra opinión cuando veían mi cara. En una ocasión, tras unos segundos de pausa y sosiego, le dije a uno de ellos estas palabras las cuales voy a transcribir en este instante: “Nunca subestimes el coraje y corazón de un gran campeón”. Por lo regular mis amistades y conocidos liceístas se reían cuando hablaba de esa manera. Inteligentemente, me refugiaba en el silencio, cambiaba de tema y al rato me marchaba. 

Águilas Cibaeñas, campeones 2007-08.
La vuelta regular finalizó en diciembre y Licey ganó la primera posición. Lo mismo ocurrió en el Todos contra Todos clasificatorio. Sorprendentemente, las Águilas Cibaeñas también se clasificaron a la finalísima, pero llegando en segundo puesto. Pero ya eso no importaba, tanto azules como amarillos disputarían la serie final pactada al mejor de un 9-5, empezando todo desde cero.
  
Aquella gran final fue ganada por las Águilas Cibaeñas, logrando vencer a sus rivales históricos en un octavo partido efectuado en el Estadio Cibao. Tras el último out del campeonato gran parte de la hinchada aguilucha se lanzó al terreno de juego a festejar. En un momento dado las cámaras de televisión mostraron a una persona del público alzando un cartelón, el cual tenía escrito en mayúsculas lo siguiente: NUNCA SUBESTIMES EL CORAJE Y CORAZÓN DE UN GRAN CAMPEÓN. Eran exactamente mis propias palabras expresadas dos meses atrás. ¿Alguien me robó la idea? No lo , y puede que nunca lo sepa. 

Tema publicado en mi blog el 31 de diciembre de 2011 
Un 31 de diciembre de un moribundo a­ño 2011 había escrito para mi blog, mejor dicho, en este blog que todos conocen, un tema titulado El scrabble femenino tendrá que revisarse. En este expresaba mi preocupación en el sentido de que solo dos mujeres a lo largo de la historia de los mundiales de scrabble en lengua castellana, Amanda Gauna (1999) y Claudia Amaral (2004), habían sido campeonas, mientras el resto de los certámenes había sido conquistado por los hombres. Tras el triunfo de la argentina Amaral en 2004 ninguna otra fémina se había alzado con la copa mundialista. Sumado a todo lo anterior venía dando seguimiento desde el año 2013 al desenvolvimiento de una jugadora uruguaya de nombre Selene Delgado, quien llevaba varios torneos quedando en el top-10, es decir, entre las mejores 10 posiciones de los mundiales. Ya para 2014 y 2015 dejaba mis comentarios en los muros de scrabble en Facebook vaticinando que la próxima mujer en ganar el mundial de scrabble y romper la sequía de 13 años sin título para una fémina sería Selene Delgado. Mucha gente respetó mi opinión.  

En octubre de 2017 viajé por vez primera a un mundial de palabras cruzadas, al que se disputó en Asunción, capital de Paraguay. Aquel magno evento mundialista fue ganado nada más y menos que por la uruguaya Selene Delgado y el autor de este tema fue testigo presencial y ocular de aquella victoria en que la suramericana venció en la ronda 23 a la argentina Claudia Amaral, quien terminó ocupando la segunda posición. Recuerdo como hoy aquel efusivo y prolongado abrazo que, por un lapso de casi un minuto, se dieron aquellas dos gladiadoras.  

Misterio o lo que fuese, pero tuvo que ser precisamente en ése, en ese mundial que asistí y competí en 2017, para que una mujer, Selene Delgado, de la cual venía en años anteriores vaticinando su éxito, finalmente ganara el título. Con ese triunfo también se reivindicó al género femenino del scrabble.  ¿Valió la pena mi preocupación expuesta en aquel tema de 2011? ¿Revelaron mis vaticinios de 2013 al 2015 alguna magia? 

Mi deseo de jugar en un mundial de scrabble.  
El 14 de junio de 2012, también por este blog, publiqué un breve tema titulado Si algún día voy a un mundial de scrabble. En aquella publicación expresaba al desnudo todo mi deseo de competir en una contienda mundialista de palabras cruzadas. Explicaba con detalles todo lo que haría una vez consiguiera tal proeza.  

El tiempo pasaba, tan raudo como transcurren los años vividos de todo ser humano. Llegó el 2017, conseguí la plata suficiente, me hice de un boleto aéreo y viaje rumbo a Asunción, capital de Paraguay, lugar donde se efectuaría el mundial escrabblero en el mes de octubre.  

Para ser sincero casi todo lo que había asegurado en el verano de 2012 lo cumplí. Conocí a los mejores exponentes de este deporte mental, me retraté con muchos jugadores y aprendí lo que era jugar partidas difíciles bajo mucha presión. Pero lo mejor de lo ocurrido fue algo que no estaba en mi libreto: ganar el torneo Extraordinario, o sea, la competencia de repechaje donde competían aquellos no clasificados para el mundial clásico individual. Así de sorprendente, quedé primer puesto en aquella prueba clasificatoria y, de paso, obtuve mi pase directo al mundial individual. En dicho torneo Extra solo había cupo para los mejores cuatro puestos. De haber quedado en quinto o en una posición más lejana, no hubiese podido jugar en el torneo grande. 

Y hasta aquí han llegado los episodios. ¿Puras coincidencias o hay algo más, fuera de nuestro entendimiento, que no conocemos? ¿Azares de la vida o fuerzas ocultas que obran sin que nos demos cuenta? Espero que sean los propios lectores quienes saquen sus más sinceras conclusiones.  

Mis saludos.

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