sábado, 16 de junio de 2018

Amigdalectomía en tiempos de huelga (parte 29)

En cuanto a la secreción debo honestamente confesar que la padezco todos los días a las 24 horas. Y vuelvo a repetir lo mismo de siempre: puedo drenar bien y expulsar mucha secreción salivosa, pero, al poco rato, y como si fuese por arte de magia, vuelvo a llenarme de secreción. Vivo constantemente tupido, dreno mucho, me destupo y, al instante, vuelvo y me tupo de nuevo. Es como el juego del barril sin fondo. Lo que más me incomoda de todo es que cuando le he explicado a los médicos tratantes los síntomas del sabor amargo del agua, del escozor, el pinchazo molestoso y las náuseas ocasionales, las cuales yo relaciono estrechamente con la secreción sin fin, los imbéciles del coño suelen minimizar el problema, como dando a entender que eso no es nada o se tratase de una psicosis creada por . 

Por Iván Ottenwalder 

No me importa si sigan llegando más capítulos de esta saga cuya pesadilla ya cumple dos años y medio. Es posible, quien sabe, que muera primero y que esta agonía que tiene varios nombres, entre ellos, amargura del agua, secreción nasal de nunca acabar, pinchazo y escozor molestoso en toda la zona del paladar y hueso maxilar superior derecho, lo mismo que en la amígdala lingual derecha, no haya sido solucionada ni por la ciencia médica dominicana ni de ninguna otra nación. En ese caso, pues mejor aún, descansaría para siempre de esas insoportables molestias y no tendría jamás que verles las caras a los médicos. Bueno, quizás en otra vida, en otra dimensión en que nazca de nuevo existan las enfermedades y los galenos, pero al menos sería otra persona con una realidad muy diferente. 

En cuanto a la secreción debo honestamente confesar que la padezco todos los días a las 24 horas. Y vuelvo a repetir lo mismo de siempre: puedo drenar bien y expulsar mucha secreción salivosa, pero, al poco rato, y como si fuese por arte de magia, vuelvo a llenarme de secreción. Vivo constantemente tupido, dreno mucho, me destupo y, al instante, vuelvo y me tupo de nuevo. Es como el juego del barril sin fondo. Lo que más me incomoda de todo es que cuando le he explicado a los médicos tratantes los síntomas del sabor amargo del agua, del escozor, el pinchazo molestoso y las náuseas ocasionales, las cuales yo relaciono estrechamente con la secreción sin fin, los imbéciles del coño suelen minimizar el problema, como dando a entender que eso no es nada o se tratase de una psicosis creada por mí. ¿Y por qué entonces esa psicosis no me la invento en los pies, ni en las manos, ni en los ojos, ni en las piernas, ni en el hígado, ni el corazón, ni en el intestino u otro órgano? Solo quieren llevarse de lo que dice una estúpida panorámica dental, un estudio no apto para diagnosticar los síntomas acompañantes a mi secreción. Desde el año 2017 he notado las diferencias asimétricas entre el hueso maxilar superior derecho y el izquierdo y, al ojo por ciento, se observa bien claro que el derecho luce alterado con zonas muy blancuzcas, mientras el izquierdo no. Ese hueso maxilar derecho tiene incluso una zona cuarteada que colinda con el paladar. Yo mismo la puedo señalar con un foco y palpármela. El lado izquierdo no está así. Y otro detalle que no debo esconder es que esa región siempre está muy exudada ...pero mucho más que la de su contraparte. Y es cierto que en el cuerpo humano hay muchas asimetrías, pero no son tan notorias, sino más bien imperceptibles. La de mis dos huesos maxilares si son notables. A simple vista se me nota, aunque la panorámica o cualquier otro aparato digan un culo. 

Mis vacaciones terminaron y me reintegré a mi trabajo el pasado viernes 15 de junio. He pensado volver al otorrino, pero debido al círculo vicioso en que ralla mi caso he decido no hacerlo. Tampoco visitaré a ningún alergólogo, y esto por razones hartamente explicadas en capítulos anteriores. Además, síntomas como amargura del agua, escozor y pinchazo bucomaxilar más náuseas ocasionales, no son el campo de estudio de los alergistas. De modo que no pienso tirar mi dinero por el inodoro. ¿Que si de cuajo se me termina de joder el problema de la IGE? Pues que se me joda y me mate rápido, será entonces un tanto mejor. No es verdad que me voy a endeudar nuevamente con un banco para gastarlo en asuntos de salud que nunca se resuelven. Ya tengo un préstamo con una entidad financiera, tomado en 2017, que lo vendría a saldar en el año 2022. No es cierto que voy a sobrellevar dos al mismo tiempo. Mis bolsillos no aguantarían. 
  
Será otro tanto mejor si esta pesadilla culmina algún día, no importa la manera. Ya no tendría que volver a soportar las musarañas burlonas que me hace mi padre todos los días, en flagrante irrespeto a mi delicada condición de salud. Ya no tendría que aguantar más las burlas cínicas de mi hermano ni las tonterías que habla como loro mi madre. Y quiero dejar claro una cosa, y lo expresaré con firme determinación: si por carambola del destino mi caso llega a ser solucionado, de modo que todos esos síntomas digan chau, haré todo lo posible por abandonar para siempre a República Dominicana y a toda mi familia. Haré lo que esté a mi alcance para buscar una patria que de verdad pueda llegar amar y donde pueda hacer todo aquello que me brinde paz emocional, todo aquello vinculado a mi zona de confort. En pocas palabras, una sociedad con mejores condiciones para mí y con una cultura con la cual me pueda sentir mejor identificado. Si todo eso, solución definitiva a mi caso de salud más una nueva patria, no lo consigo en esta vida, pues entonces, que sea en una próxima. Lo aceptaré de esa manera.  

El hecho de que crea en la posibilidad de existencia de otra vida tras la muerte, para nada quiere decir que estoy dando por sentado de que en nuestra próxima vida seremos angelitos con alas rezando a Dios todas las horas de corrido. Un lugar así, tan aburrido y tonto, no me lo creo, ni lo desearía luego de fallecer.  

Ojalá algún día, si así fuese, el tiempo le haga pagar bien caro a Maribel, la hedionda e hija de puta aquella que me contagió en 2016 aquella bacteria estreptocócica y que luego devino en todos estos problemas insoportables. Por culpa de la maldita infección aquella perdí en ese año las dos amígdalas palatinas; en 2017 me extrajeron dos muelas por detectarse focos de infecciones que alcanzaron la raíces dentales; hubo que extraerme un huesito llagado que resultó ser un afta bucal. Y todo eso ocurrió en la zona del maxilar superior derecho. Siempre el lado derecho. ¡Qué coincidencia, no!

El problema es que esta historia no termina por llegar a su final, a pesar de dos cirugías bajo anestesia general, dos extracciones de muelas y de un afta bucal. No llega a su final amén de todos los antibióticos y antiinflamatorios de amplio espectro ingeridos desde 2016. 

He decidido no viajar ni compartir con familiares o amigos a lo largo de este 2018. No pretendo que los demás me vean en estas condiciones y tenga que soportar la carga de preguntas o especulaciones aventureras del tipo “¿pol qué no toma remedio casero?”, “Dio e bueno, Él te va a ayudá”, “mira, pero buca un médico naturita”, “mira, buca de Dio, te voy a invitá a mi iglesia critiana, va a ve que Él te va a saná”. Ya mis oídos no están para aguantar tantos disparates, mediocridades e ignorancias.  

Mientras los otorrinos apenas se limiten en checarme los orificios nasales con un foquito luminoso o a mandarme a realizar una tomografía TAC, nunca se va a llegar a la solución final y definitiva. Mientras estos y los cirujanos maxilo-faciales sigan minimizando los síntomas que vengo repitiendo a gritos durante 2016, 2017 y 2018, todo seguirá rallando en la misma porquería, la misma mierda. Esa es la razón por la que me harté de los médicos.  

Puedo aceptar que el asma, la dermatitis atópica y el síndrome de Tourette no tengan curas. Perfecto, no joderé en eso y seguiré llevando mis medicaciones eternas hasta que me muera, pero que no me vengan con el disparate de que la amargura del agua, el escozor, los pinchazos irritantes y la náusea del lado derecho no son nada o de que solo es mental. Eso jamás lo voy a aceptar. 

Este 2018 lo declaré como el año en que no espero nada a cambio. En el 2019 ni siquiera me he detenido a pensar y, a decir verdad, me importa como me venga.  

Continuará...